Dominic Blackwood
El amanecer en la terraza nos encontró con los cuerpos entrelazados y el orgullo un poco magullado por la tortura que nos autoimpusimos la noche anterior. Pero la frivolidad de nuestros juegos de poder se evaporó en el instante en que el sol golpeó los cristales. Hoy no era un día para medir quién tenía más autocontrol; hoy era el final del camino. El día de la extracción.
El trayecto a la clínica fue radicalmente distinto a los anteriores. No hubo bromas ácidas, ni ironías pu