El Museo de Arte Moderno estaba transformado en una pecera gigante llena de tiburones con esmoquin y pirañas con vestidos de seda. El aire olía a una mezcla sofocante de perfumes caros, flores exóticas y la hipocresía que solo la gente con demasiado dinero puede destilar. Odiaba estos eventos. Los odiaba con cada fibra de mi ser, pero cuando tu mejor amiga, Sam, te ruega que la ayudes como "apoyo de relaciones públicas" porque su carrera depende de que esta gala benéfica sea un éxito, terminas enfundada en un vestido verde esmeralda que se ajusta más de lo legalmente permitido y practicando tu mejor sonrisa de "no voy a incendiar este lugar".—Recuerda: Chloe Ross —me susurró Sam antes de que entráramos—. Si alguien te pregunta, eres la consultora independiente de Nueva York. Nada de "Donovan", nada de insultar a los donantes y, por favor, nada de decir verdades incómodas.—Sam, pedirme que no diga verdades incómodas es como pedirle a un gato que no maúlle —le respondí, ajustando la c
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