Minutos después, Leo se detuvo con su auto de lujo frente al edificio de apartamentos de Valeria. Era un vecindario humilde, un mundo de distancia del penthouse de cristal. Se sintió como un intruso grosero.
Leo subió las escaleras hasta la puerta de Valeria. Cuando ella abrió, su expresión de miedo se transformó en pura conmoción.
"¿Sr. Ferrer? ¿Qué hace usted aquí? ¿Ocurrió algo en la oficina?"
Leo entró sin ser invitado. Su mirada recorrió el pequeño apartamento, limpio pero modesto, lleno