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La Batalla de las Miradas

De repente, una voz azucarada interrumpió la tensión.

"Leo, cariño, ¿quién es tu hermosa invitada? Pensé que vendrías conmigo."

Era Gabriela, la modelo de la escena en la oficina, luciendo un vestido que costaba el salario de Valeria de un mes. Gabriela lanzó una mirada superficialmente amable a Valeria, pero que contenía todo el juicio y el veneno que Valeria recordaba.

"Gabriela, te presento a mí... asistente ejecutiva, Valeria Soto", dijo Leo, usando el título de asistente con demasiado énfasis.

El labio de Gabriela se curvó en una sonrisa de triunfo. "¡Claro! La secretaria. ¡Qué transformación! Pero, cariño, no te esfuerces demasiado. Los ejecutivos como Leo prefieren la eficiencia en la oficina y... ya sabes, la diversión fuera de ella. ¿Verdad, Leo?" El comentario hirió a Valeria como un golpe físico.

Antes de que Valeria pudiera reaccionar o huir, Mía Ferrer Black se interpuso; su sonrisa, aunque amplia, no llegaba a sus ojos.

"Tienes razón, Gabriela", dijo Mía con una dulzura peligrosa. "A Leo le encanta la eficiencia. Por eso Valeria está aquí, trabajando en los detalles clave de la gala, mientras nosotras estamos aquí solo para... la decoración. No todos tenemos la suerte de ser tan útiles como Valeria, ¿verdad, cielo?"

La indirecta golpeó directamente el orgullo de Gabriela. La modelo se tensó, pero antes de que pudiera replicar la ofensa, Leo, visiblemente irritado por la pelea de gatas, tomó el control.

"Valeria no es mi invitada, Gabriela. Está aquí por negocios," dijo Leo, su tono era protector, aunque él mismo no sabía por qué. "Y su eficiencia es insustituible. Ahora, si nos disculpas, Valeria tiene que revisar la lista de invitados para el palco privado. Vamos, Valeria."

Leo puso una mano firme en la espalda baja de Valeria para guiarla, un toque que la hizo temblar. El roce fue íntimo, público y completamente inesperado. En el momento en que sintió el calor de la mano de Leo sobre su piel, supo que Mía había ganado. La guerra de la invisibilidad había terminado.

Las luces de neón del Metropolitano brillaban. Una multitud de fotógrafos y asistentes esperaba la llegada de los vehículos de lujo.

Un Rolls-Royce negro se detuvo en la alfombra roja. El chofer abrió la puerta. La primera en salir, resplandeciente en rojo, fue Mía Ferrer Black. Luego, la figura imponente de Leo Ferrer Black, su esmoquin cortado con precisión, su rostro listo para la guerra corporativa. Y finalmente, bajo el brazo de Leo, Valeria Soto.

La avalancha de flashes fue inmediata. Muchos hombres se dieron vuelta para admirar a Mía y a la nueva belleza. Pero a quien más observaban era a Valeria. El vestido azul, la piel desnuda de sus hombros y el brillo de sus ojos sin gafas la habían transformado. Los susurros corrían: ¿Quién era la belleza que acompañaba a los mellizos Ferrer Black?

Justo detrás en otro auto, bajó Gabriela. Al ver cómo Leo llevaba del brazo a Mía y, peor aún, a Valeria, se moría de rabia. Escuchó los susurros de los asistentes, quienes se daban cuenta de que Gabriela había llegado sola y no era la prometida de Leo, sino un pasatiempo. Las risas y los comentarios despectivos se dirigieron a Gabriela, humillándola.

Leo ignoró rotundamente a Gabriela. Sin embargo, ella se acercó, intentando desesperadamente llamar su atención.

Gabriela: "Leo, cariño, ¿no le dirás a tu secretaria que se aleje de la alfombra? Estoy segura de que tienen trabajo que hacer."

Mía se interpuso con un brillo de acero en sus ojos: "La única que está interrumpiendo el trabajo, querida, eres tú. Y Valeria tiene más derecho a estar aquí que cualquiera que solo venga a lucir joyas."

Leo, ignorando a Gabriela, dirigió a Valeria hacia el área VIP. Mía, aprovechando el momento, la llevó directamente a sus padres.

"Mamá, Papá, les presento formalmente a Valeria Soto", anunció Mía, sonriendo. "Ella es la única razón por la que Leo no ha sufrido un colapso en tres años."

Luna Black (Selene) observó a Valeria, no con el juicio corporativo, sino con una calidez genuina.

"Valeria, me alegra mucho verte. Y no tienes que presentarte; sé exactamente quién eres. Tu eficiencia es legendaria. Y debo decir que la transformación es espectacular. Me recuerdas mucho a mí misma cuando por fin me atreví a ser quien era." Luna sonrió y tomó las manos de Valeria. "Por cierto, gracias por mantener a mi hijo en línea. Lo agradezco, de verdad. Sé que no es fácil, es un rasgo que heredó de su padre."

Damián Ferrer se acercó, con la misma mirada intensa que Leo, pero suavizada por los años. "Es verdad lo que dice Luna. Me recuerdas a ella, Valeria. Tienes la dignidad que el dinero no puede comprar. Es bueno tenerte cerca de Leo. Por el contrario, las 'distracciones' de Leo me recuerdan a un tiempo que ya olvidé. No confío en ellas."

Valeria sintió una inmensa validación. La madre de Leo la aprobaba; el patriarca la respetaba. El desprecio de Gabriela se sintió minúsculo.

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