Los Celos Explotan

Valeria se relajó, aprovechando su momento. Fue muy solicitada por jóvenes millonarios y CEOs que no podían creer que esa belleza fuera la "secretaria de Leo". Un joven CEO de tecnología, Ricardo, la invitó a tomar algo.

Valeria aceptó.

Leo, que había estado a dos metros de distancia cerrando un trato, sintió una punzada de rabia. Ver a Valeria, su secretaria—su propiedad eficiente—, reír y coquetear con otro hombre era inaceptable. No sabía por qué le molestaba; era un sentimiento primitivo y desordenado.

Cuando vio que Valeria se alejaba del brazo de Ricardo, Leo quiso imponerse. Dio un paso, pero Gabriela se interpuso en su camino, intentando detenerlo con una excusa trivial.

"Leo, no vayas. ¿No te importa  lo que digan de mí si vas tras ellas?, te olvidas que soy tu pareja?"

La frase encendió la mecha en Leo. Se giró hacia Gabriela, sus ojos grises llenos de frialdad.

"Escúchame bien, Gabriela. No somos nada. Fuiste un pasatiempo, y ya terminó. Nunca hemos sido pareja. Deja de decir tonterías."

Gabriela se quedó petrificada; el público los miraba. Ella creía que él la amaba. La humillación pública fue devastadora.

Leo se fue directo tras Valeria y Ricardo, ignorando la escena que acababa de crear. Se acercó a ellos, con el corazón latiéndole furiosamente.

 "Ricardo, necesito a mi secretaria. Hay una emergencia de código en la oficina, es urgente."

Leo tomó a Valeria por el brazo y la llevó a un pasillo apartado, lejos de las luces.

 Valeria se soltó de él, lo miró sin entender lo que pasaba. “Señor Black, porque dijo que hay una emergencia en la empresa, eso no es verdad, sería la primera en enterarme como su secretaria, ¡Estaba trabajando en mi networking!"

Acorralándola contra la pared. "¡Tú eres mi asistente! No estás aquí para coquetear con competidores. Vístete como quieras, pero no actúes como una... una distracción. Te necesito concentrada en el código, no en los elogios baratos."

Cuando Valeria escucho eso, no pudo evitar que salga a la luz su genio, "¡Usted no es mi dueño! Y yo decido cómo me visto y con quién hablo. ¿Está celoso de que alguien me registre a mí y no solo a mi eficiencia?" después de decir eso, Valeria se dio cuanta a quien le había contestado mal, palideció y pensó que se quedaría sin trabajo por su mal genio, que haría se le despedían con al enfermedad de su madre, como pagaria los gastos de su tratamiento.

La palabra "celoso" resonó en la mente de Leo. Él se acercó demasiado. La proximidad, el perfume de Valeria y la frustración reprimida lo abrumaron. Sus ojos se fijaron en sus labios; el aliento de ella se aceleró. Como hipnotizado, se acercó, a punto de besarla.

Justo en ese momento, una figura desesperada apareció en la entrada del pasillo. Era Gabriela, que los había seguido.

Valeria aprovechó la distracción para escapar, huyendo de la intensidad de Leo.

 "Leo, ¿qué estás haciendo con ella? ¡Yo soy tu pareja!"

Leo se quitó a Gabriela de encima con un gesto de repugnancia. "Vete", fue lo único que dijo, antes de darse la vuelta y marcharse, dejando a Gabriela sola, llorando, en el pasillo.

Como la gala ya terminaba, Valeria, con el corazón latiéndole, regresó con Mía y le dijo que se sentía mal. Necesitaba huir de la tensión y de la mirada de Leo. Mía, entendiendo el código, la abrazó y la ayudó a conseguir un coche.

La mañana después de la gala, el penthouse de Leo Ferrer Black y la oficina eran santuarios de negación. Leo llegó con el doble de impaciencia, sumergido en el trabajo para evitar pensar en el roce en el pasillo o la humillación pública de Gabriela.

Valeria regresó a su uniforme de secretaria eficiente: el cabello recogido, las gafas, la ropa sobria. Era la armadura de la invisibilidad.

Leo sin mirarla, con voz dura: "Valeria, necesito la auditoría del fondo de inversión para la una. Y no quiero ni una sola interrupción. La gala fue un circo y necesito recuperar la concentración en los negocios  "Sí, Sr. Ferrer. ¿Alguna indicación sobre la reunión que canceló con Gabriela?"

Leo levantó la cabeza, su mandíbula tensa. "Gabriela no es una prioridad. No es relevante para la empresa. Si vuelve a llamar, dígale que estoy en una junta permanente. Y que no la quiero en este edificio." La frialdad de su tono era un intento desesperado de convencerse a sí mismo de que su arrebato de celos no había sucedido.

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