El primer día bajo este nuevo régimen de "sombra" fue un tormento. A las 9:00 PM, Leo ordenó una cena sofisticada. Se encontraron en la sala de juntas, sentados uno frente al otro sobre la larga mesa de caoba.
"No me gusta cenar solo. Es ineficiente. Usted comerá conmigo. Hable de lo que sea, pero no de trabajo."
Valeria sintió el pánico. ¿De qué hablaría con el hombre que amaba pero que solo conocía como su jefe?
"Hablemos de música, Sr. Ferrer. Me gusta la música clásica. A usted, ¿qué le gusta?"
"No escucho música. Es una distracción."
"Todos escuchan música, Sr. Ferrer. Incluso usted."
Leo se sirvió agua. "De acuerdo. Me gusta el silencio. Es predecible."
Valeria se rió, una risa sincera y hermosa que resonó en el silencio de la sala.
"¿De qué te ríes, Valeria? ¿Mi respuesta es divertida?"
"Sí, un poco. Usted teme tanto a la imprevisibilidad que incluso evita una melodía. Pero la vida no es un código binario, Sr. Ferrer. Está llena de armonías inesperadas."
Leo la miró, la fur