Mundo de ficçãoIniciar sessãoSinopsis: Oriana es una joven atormentada por emociones encontradas, entre seguir su deseo o hacer lo correcto. Criada por una madre ambiciosa y distante, ella nunca imaginó que su mundo daría un giro inesperado con la llegada de Iván, un hombre enigmático y seductor, que entra en su vida como un torbellino despertando en ella pasión y deseo. A medida que comparten el mismo espacio, una atracción magnética comienza a arder entre ellos, desafiando las normas sociales y amenazando con desatar el caos. A pesar de sus esfuerzos por resistirse, se encuentran atraídos el uno hacia el otro. Envuelta en una tormenta que no puede controlar, desesperada, Oriana se va a vivir con su padre, tratando de acallar a su corazón, dándole prioridad a su cerebro, que le grita que eso está mal y que lo mejor es alejarse de Iván, pues él no es cualquier hombre que ha llegado a su vida; es el esposo de su madre…
Ler mais*EL ACCIDENTE QUE LO CAMBIÓ TODO*
Kate Harris.
Necesitaba tener un respiro. Era tan necesario salir de este edificio, o iba a arrojarme por el décimo piso donde Carl me había metido como si fuese un bicho que quisiera esconder.
El trago grueso aún no bajaba por mi garganta y me abracé a mí misma porque, aunque tenía ya dos años en Nueva York, esta ciudad no había entrado en mi corazón de ninguna manera. Su estado gris y frío solo servía para aumentar más mi ansiedad que se había generado desde que me casé, y sobre todo mi ánimo que cada vez caía más al suelo.
El teléfono vibró en mi chaqueta y me apresuré a tomarlo; sin embargo, la decepción llegó pronto cuando fue Maggie la que apareció en la pantalla del teléfono.
—Magg…
—¡Kate! ¿Dónde estás? —negué mirando hacia una cafetería en la esquina.
—Necesito un café…
—¿Café? ¡Kate… aquí hay un lío por todo lo alto! Aun no entiendo cómo pueden ser tan descarados. Esa tipa, Ashley, le está montando una escena de celos a tu marido… ¡¿puedes creerlo?! ¿A tu marido?
Intente pasar la saliva. Para nadie era un secreto que Ashley, la de recursos humanos, era la amante de Carl, y lo peor de todo, es que no lo disimulaban.
Nunca debí salir del pueblo en que nací, en Texas, del seno de mi familia, ni de los consejos de papá cuando me dijo que Carl solo era un hijo de put@.
Apreté mis dientes y me pregunté si aún habría tiempo de remediar todo esto. Apenas tenía dos años de casada y veintitrés años de edad. Sin embargo, dos años habían bastado para conocer todo lo que no quería en la vida y Carl Solivan, mi esposo, era como mi propio infierno.
En medio de mi corazón acelerado, me di la vuelta, ya no se me generaban lágrimas y por eso tenía este tipo de sensación en el cuerpo.
Una ansiedad que no cesaba nunca.
—¿En qué piso están? —pregunté al final.
—En el quinto… el señor Solivan, vegete, está interviniendo… pero parece que la susodicha alega que tu marido, está follando con la secretaria… ¡Dios Kate, ¿en dónde te has medito con este hombre?!
Sentí que la garganta se me cerró en el instante y rápidamente las ráfagas de los recuerdos, golpearon a mi mente ese día en que Carl me dijo que se quedaría con Lindsay a trabajar hasta tarde, porque debía entregarle cuentas a su padre al día siguiente.
Era un miserable, y lo peor de todo, es que todos se burlaban de mí por su culpa.
Había sido una niña prodigio, mi padre invirtió demasiado dinero para aprender varios idiomas, y, sobre todo, para meterme en el mundo de las relaciones públicas. Quizás eso había atraído a Carl, porque yo le había conseguido tantas conexiones como las que nunca hubiese podido tener.
—¿Kate? ¿Kate? ¿Estás allí? ¡Oh, por Dios!, esta mujer está diciendo que se va a lanzar del edificio!
—¿Qué?
—Kate… se va a lanzar…
Mi corazón se aceleró y retrocedí dos pasos para mirar al gran edifico Solivan Inc. Evidentemente había un tumulto de gente arremolinada en la terraza y podía ver a Ashley que estaba en las barandillas gritando como una loca.
Dejé caer el teléfono en el bolsillo de mi abrigo y retrocedí todo lo que pude hasta que el sonido de unos frenos chirriando sonó en mis oídos, luego sentí un impacto tan fuerte mientras todo mi cuerpo se suspendió en el aire y di contra algo que crujió.
Por un momento todo se detuvo, el sonido en mis oídos se hizo cada vez más lejano y, aunque intenté parpadear o tomar el aire, todo en mí se desvaneció de pronto…
***
Tic…
Tic…
Tic…
Mi cabeza quería explotar cuando intenté abrir los ojos. Estaba un poco desorientada, y me dolía absolutamente todo.
En el momento en que pude observar a mi alrededor, estaba en una habitación, los aparatos médicos monitoreaban mi pulso, y uno de mis brazos estaban conectados a unos cables.
Había tenido un accidente. Lo recordaba.
Intenté moverme en el momento, pero sentía que tenía todos mis huesos quebrados. Antes de casarme solía ser una chica activa, pero luego me había sumido en el trabajo y había ganado un poco de peso, así que mi forma, ni mi condición física, era la misma.
Tomé el aliento para alcanzar el botón de las enfermeras y me dolió la cabeza cuando esa pequeña alarma resonó en la habitación.
—Buenos días… —una enfermera se asomó un poco curiosa con una pequeña sonrisa—. ¿Cómo se siente señora Solivan?
Apreté mis dientes y afirmé.
—Creo que bien… —ella apretó la boca y soltó el aire.
—Bueno… tendrá que quedarse aquí por un tiempo.
Mi ceño se frunció y a lo que intenté sentarme, vi mis dos piernas vendadas metidas en escayolas. La ansiedad y ese estrés repentino volvió mientras sentí una agitación inminente.
—¿Qué ocurrió?
—La atropellaron… realmente… tuvo mucha suerte…
«¿Suerte?», me pregunté todo el tiempo.
—¿Dónde está mi esposo? —ella volvió a dudar y negó.
—No lo sé…
—¿Han llamado a mi familia? —ella volvió a negar.
—Lo siento… pero no tengo esa información… ¿Le parece si espera que vuelva la persona que está a su cargo?
Mi ceño se frunció de nuevo y luego la ira me golpeó de forma ruda.
—¿Qué dice? ¡He tenido un accidente! Es obvio que quiero a mi familia aquí… ¡Deme mi teléfono! —la enfermera se puso nerviosa y retrocedió un paso.
—Lo siento, de verdad… no sé dónde está su teléfono… déjeme llamar al personal indicado, vendrán a atenderla…
Mi cabeza cayó en la almohada mientras las lágrimas caían por mis mejillas. Intenté mover mis piernas, pero fue en vano. El dolor era demasiado y estaba totalmente impedida de hacer algo por mí misma.
Literalmente me arrastré un poco en la cama, pero en el momento en que eché mi brazo hacia la mesilla, un dolor intenso traspasó mis costillas, y me caí de golpe al suelo.
—¡Kate! —la voz de Maggie corriendo hacia mí solo me hizo sollozar—. ¡Por Dios, Kate! ¿Qué hiciste? ¡Enfermeros! Ayuda…
—Magg… ¿Dónde está Carl? ¿Qué está pasando?
Los enfermeros entraron en el momento y me ayudaron a subir a la camilla, mientras Maggie parecía sorprendida. Y en el momento en que ellos le dieron la indicación de que no podía moverme, Maggie les aseguró que estaría bien.
—Kate… han pasado tres días, amiga… he venido a verte todos los días… solo un poco de tiempo por el trabajo. No despertabas y…
—¿Tres días? —estaba totalmente perdida en el tiempo.
Maggie asintió y luego se acercó para tomarme la mano.
—Intenté decirle a tu marido que llamara a tu familia, pero se negó a hacerlo… dijo que esperaría a que despertaras, pero todos hablan en la oficina…
Pasé un trago duro y negué.
—¿Qué dicen?
Maggie bajó el rostro y negó.
—No mereces nada de eso, Kate… tú no…
—¿Qué dicen? —volví a preguntar mientras me temblaba la mandíbula.
Maggie me miró con los ojos bien abiertos, y luego lo dijo:
—Dicen que Ashley anda presumiendo… que Carl le prometió un divorcio… Parece que… el maldit* se va a divorciar de ti…
Capítulo 41 —El socio…Narrador:El día tan esperado por los amantes, había llegado y con ello un tumulto de sensaciones y emociones muy difíciles de controlar—Estate quieta, Oriana, o no van a poder arreglarte ese mechón rebelde que siempre te cae en la caraLe decía Sandra, mientras que la estilista trataba de ordenar el cabello de Oriana, que estaba por demás rebelde debido a los nervios—Es que no puedo dejar de temblar, Sandra, no tienes una idea de lo que pasa por dentro de mí.—No, amiga, por supuesto que no, son muchos años esperando, pero por fin lo lograste y soy muy feliz por ti.Iván también llevaba su procesión por dentro y los nervios lo estaban consumiendo.—No voy a meterte presión, pero hoy vas a ser el negocio más importante de tu vida y yo voy a ser tu socio, así que voy a vigilar muy bien esta empresa y más vale que hagas feliz a mi hija o vas a arrepentirte por el resto de tu vida.—¿En serio, Alberto, vas a hacerme esa advertencia?—¡Por fin me has tuteado!, aho
Capítulo 40 —ElizabethNarrador: La mañana había llegado o más bien el mediodía, luego de una noche de mucha pasión. Oriana se encontraba abrazada a Iván, con la cabeza recostada a su pecho y su cuerpo desnudo pegado al de él, piel con piel, lo sentía maravilloso. De pronto Iván empezó a sentir que su pecho se mojaba, le tomó el rostro a Oriana y pudo ver que lloraba.—¡Por Dios, Oriana! dime que lloras de felicidad—No lo sé, Iván, con exactitud, en este momento tengo un tumulto de sentimientos encontrados.—Pensé que solo te ocasionaría felicidad el que estemos juntos por fin después de todo lo que hemos pasado y seamos libre de estarlo—Es que lo estoy. El problema es que han pasado muchas cosas en este año, algunas que no sabes, que son importantes y no sé si serás capaz de perdonarme cuando las sepas—¿Acaso tuviste algún romance?, puedo entenderlo, un año es mucho tiempo. Yo no tuve ningún romance más que conmigo mismo después de que hablaba contigo, pero si tuviste lo entender
Capítulo 39 —Despedida de soltero Oriana:Había sufrido mucho durante el embarazo, luego el parto y estuve a punto de morir varias veces, pero cuando pude tener a mi bebé, a la pequeña Elizabeth, en mis brazos por primera vez, me olvidé de todo lo sufrido, era como si no me hubiera pasado absolutamente nada, era hermosa perfecta y se parecía tanto Iván, tenía sus mismos ojos y torcía la boca de la misma manera cuando reía, lloré tanto últimamente, lo único que hacía era llorar, quería gritarle que habíamos tenido una hermosa ni*ña, pero no podía, tenía que seguir guardando el secreto hasta que él volviera, pero con el correr de los meses empecé a tener mis dudas si él me perdonaría haber ocultado semejante cosa, tenía miedo, mucho miedo hasta el punto de que llegó el día de nuestra cita en el castillo y dudé sí iría.—Me dijo Sandra de que estás dudando de ir a tu cita con Iván, más de un año hace que la estás esperando, tienes que contarle que tienen una hija, Oriana, nunca te va a
Capítulo 38 —El punto, como una sombra Oriana:Desde mi partida de Nueva York, había pasado un mes y medio, en ese tiempo hablé una vez con Iván, una video llamada por demás y motiva, algo que me dejó marcada y me dejó el alma llena de felicidad, pero mi ansiedad iba en aumento día a día y ese día me sentía en particular muy mal, al punto que no fui en la universidad y Sandra se quedó a cuidarme, pero a media tarde me llevó a rastras al médico, porque ya no daba más—Vamos Oriana, ya no puedes seguir así, tratando de curarte con tecitos, tenemos que ir a un médico, algo te pasaA regañadientes fui, y luego de esperar más de una hora, para que me atendieran, lo hicieron—¿Cuál es su problema señorita Montalvo? —me preguntó una enfermera al darme el ingreso—Me siento mal estoy, mareada, me falta el aire y casi no puedo respirar—¿Qué fue lo último que comió?—Ya ni lo recuerdo, porque no retengo nada en el estómago.—Bueno, ya vendrá a ver al médicoLuego de más de 45 minutos, al fina
Capítulo 37 — Una caricia en mi oídoNarrador: Obviamente, Iván quería que comenzara a correr, cuanto antes, el plazo del año, por lo que hizo que Richard preparara y se pusiera de acuerdo con el abogado de Isabel, de forma inmediata, así que para media tarde del día siguiente, ya estaban en el buffet del abogado de Isabel, firmando la rescisión del contrato matrimonial, con las cláusulas que había pedido y sobre la espera de un año y de una pensión vitalicia por parte de Iván y otra por parte de Alberto Montalvo, además de la finca y el dinero en efectivo que recibiría el día que Iván quedara libre.—Bueno, Isabel, espero que hayas quedado satisfecha con este arreglo—La verdad, Iván, es que hubiera quedado satisfecha, si hubieras cumplido los 4 años que te faltan, pero Alberto no me ha dejado otra salida que aceptar esta recisión—Como sea, recibiste más de lo que te mereces, eso es seguro, ahora que te quede claro, como dice allí por escrito, que solo vamos a interactuar en públic
Capítulo 36 — Los adultos hablaronOriana: Mi padre había venido de hablar con mi madre, pero no había querido decirme qué había salido de esa conversación, yo sabía, muy bien, que él siempre que tomaba las decisiones, tenía muy en claro que era lo mejor, y por eso nunca se las discutía, así que hice lo que hago siempre callé y esperé, cuando vino Iván, y vi cómo se le desencajaba la cara al ver a mi padre, no solamente no esperaba verlo ahí, sino que no sabía cómo manejar la relación entre nosotros frente a él, no olvidemos que está casado con su ex esposa, por lo tanto creí que lo más conveniente era naturalizar la situación acercándome a él y dándole un cálido beso, me hubiera gustado en ese momento comerle la boca y tirarlo en la cama para poder pasarle la lengua desde los pies a la cabeza, pero no podía, estaba mi padre, así que tenía que ser respetuoso cuando, me pidió para que le comprara los puros, obviamente quería que me fuera, para hablar con él, mi primer impulso fue deci





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