Capítulo 40 —Elizabeth
Narrador:
La mañana había llegado o más bien el mediodía, luego de una noche de mucha pasión. Oriana se encontraba abrazada a Iván, con la cabeza recostada a su pecho y su cuerpo desnudo pegado al de él, piel con piel, lo sentía maravilloso. De pronto Iván empezó a sentir que su pecho se mojaba, le tomó el rostro a Oriana y pudo ver que lloraba.
—¡Por Dios, Oriana! dime que lloras de felicidad
—No lo sé, Iván, con exactitud, en este momento tengo un tumulto de sentimient