Mundo de ficçãoIniciar sessãoDos familias mafiosas se unen en matrimonio: Elettra Mancuso de la mafia italiana ('Ndrangheta) y Takeshi Tsukasa de los Yakuza (Yamaguchi-Gumi) pero los novios apenas se conocen. Lo que empieza como una alianza, se convierte en una historia de amor justo cuando estalla una guerra entre clanes rivales.
Ler mais¿El Código de la sangre?
Qué Signficado tiene para un clan.... En el mundo de la mafia, el Código de Sangre no es solo un conjunto de reglas; podría decirse que es como la columna vertebral que sostiene toda una estructura corporal. Este código se basa en una mezcla de lealtad extrema, silencio y rituales que transforman a un individuo en un "hombre de honor" La sangre como herencia (Linaje); se nace con ese código impreso en el ADN, los clanes lo usan como una moneda de cambio precisamente porque la sangre es lo único que garantiza el "Pacto" realizado ya que la sangre aquí es el compromiso de continuar con una tradición milenaria de unir familias poderosas. La sangre como ritual (Juramento); los clanes la usan en sus iniciaciones, algunas mafias lo llaman el "Bautismo"donde él iniciado quema una imagen sagrada para ellos manchada con su propia sangre como señal de lealtad al clan; para otros el ritual consiste en que el miembro que desea unirse o demostrar su lealtad a un clan, se corta el dedo meñique (o una parte de él) y lo ofrece como ofrenda al líder del clan o a otro miembro de alto rango. La sangre se mezcla con sake y se bebe como un símbolo de la unión y la lealtad. La sangre no es solo un fluido, es un contrato irrevocable, quien entra en un clan, lo hace con la vida, y solo la muerte cancela el contrato. Todo aquello lo asimilé antes de aprender a defenderme. A los nueve años, mientras otras niñas jugaban a las muñecas, yo ya descifraba el peso de los silencios en la mesa y el significado de un apretón de manos. Entendí pronto que no era una niña común; comprendí a qué mundo pertenecía y la sangre que corría por mis venas. Mi linaje no es un árbol genealógico, es un imperio, y yo soy su heredera legítima. Entre el humo de los puros y el susurro de los capos, comprendí que mi apellido no era una etiqueta. Entendí que nuestra estructura no es una pirámide, sino un círculo donde la traición se paga con la misma sangre que nos une. Mi linaje no se elige, se hereda como el color de los ojos o una enfermedad incurable. En Calabria, la familia no es un concepto moral, es una unidad de combate. Cada decisión que tomo no es mía, es de la 'ndrina; cada palabra que pronuncio debe tener el peso de una ley inquebrantable. No soy simplemente una "heredera". Soy la futura líder de un gran Imperio la 'Ndrangheta. Llevo un gran peso en mis hombros. No puedo permitirme el lujo de la debilidad, ser la elegida significa que mis manos, aunque parezcan limpias, están manchadas por la historia de un imperio que no perdona el error. He aprendido a desconfiar y analizar todo. Es una carga agotadora, una vigilancia constante, soy la sucesora que sostiene los hilos de un destino que comenzó siglos antes de mi primer aliento. Desperté tarde; dormir junto a mi nuevo esposo no había sido fácil, pero me resultó familiar su compañia, aunque recién lo haya conocido. Takeshi ya no estaba en la habitación, me preguntaba a donde había ido. Tras una ducha rápida, me vestí y bajé al comedor.— Buongiorno, signora — me saludó una empleada. Asentí y tomé asiento mientras me servían el desayuno. El silencio en el comedor se sentía distinto ahora que era una mujer casada.— Signora Elettra — irrumpió Alessandro con elegancia y una sonrisa burlona. Lo fulminé con la mirada.— Idiota. ¿Lo has visto? — le espeté.— ¿A quién? — se hizo el desentendido, saboreando el momento — ¡Ah! tu esposo. Salió al aeropuerto a despedir a sus padres.— ¿Qué? Se suponía que yo también me iría — Dije algo confusa. — Cambio de planes. Tu padre pidió que se quedaran un mes aquí, en Calabria.— ¿Por qué? — cuestioné, intrigada.— Esta vez, te lo juro, no tengo idea — respondió él con una sonrisa perfecta. — Y cuéntame... ¿cuántas posi
TAKESHI TSUKASATras el desplante de la heredera, el insomnio me venció mucho antes del amanecer. Me acerqué a la ventana para observar Vibo Valentia; una postal de casas pintorescas. El sol aún no salía. Busqué el baño y dejé que el agua fría golpeara mis tatuajes. El día había llegado antes de lo esperado. Hoy, mi linaje se uniría con el italiano; finalmente, era mi boda.Salí secandome el cabello sin prisa, observando mi reflejo através del espejo. La disciplina de los años había esculpido una complexión que imponía respeto. Mis ojos no mentían; hoy dejaba de ser dueño de mis pasos; y, en unas horas, un trozo de papel y un anillo valdrán más que mi propia voluntad. Miré el traje que aguarda en el perchero, no era una pieza de confección ordinaria; era de bespoke italiano. El sonido de un golpe contra la puerta interrumpió mis pensamientos. Me cubrí con una bata. Al otro lado, mi madre hacia su aparición. — Ohayō, Takeshi-kun — pronunció con su voz suave. Ella entró en la habita
ELETTRA MANCUSOPor fin había llegado el día de perder mi libertad. Desperté temprano, con el rostro vacío de cualquier rastro de emoción. El agua helada de la ducha terminó de despejarme, aunque no cargaba con la pesadez de una resaca. Me puse la bata blanca mientras bostezaba y caminé hacia la ventana. Al abrirla, el amanecer se filtraba apenas en la habitación, tiñendo el aire con los primeros rayos de luz. Me quedé observando la inmensidad del mar, perdida en el horizonte, hasta que un golpe en la puerta rompió el silencio.— Elettra, ¿estás despierta? — La voz de mi padre vibró desde el otro lado. Abrí la puerta y él entró sin esperar invitación.Se sentó en mi cama, alisando las sábanas con una mano antes de levantar la vista. — Figlia mia, ven aquí — murmuró con una suavidad que me erizó la piel.Dio unas palmaditas en el colchón, invitándome a sentarme a su lado. Obedecí en silencio. El colchón se hundió bajo mi peso y, de inmediato, él tomó mis manos entre las suy
TAKESHI TSUKASAEl sudor recorría mi rostro, pegando los mechones de cabello húmedo a mi piel, mientras mi respiración agitada se escapaba en jadeos. Frente a mí, Kyoko sostenía su katana con la misma firmeza que yo; ambas hojas apuntaban al frente en un duelo silencioso. Nos mirábamos fijamente, intentando descifrar el siguiente movimiento antes de que el acero hablara.El silencio se hizo añicos cuando Kyoko dio el primer paso. El acero de su katana silbó en el aire, buscando mi costado, y apenas logré bloquearlo a centímetros de mi piel. El impacto vibró por mis brazos, entumeciendo mis muñecas.Formamos una danza de chispas y metal. Yo atacaba con desesperación, intentando aprovechar mi fuerza, pero ella era como el agua; fluida, inalcanzable y letal. Cada vez que mi hoja buscaba su pecho, Kyoko giraba sobre sus talones, dejando que mi propia inercia me traicionara.Respirar se me dificultaba más. Lancé un tajo vertical, un golpe final que pretendía partir el air





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