Todo ocurrió en un parpadeo; el estallido de un disparo, Tadashi moliendo a golpes a mi primo y un dolor punzante en mi costado. Bajé la mirada; la sangre empapaba mi ropa. Me había dado. Frente a mí, Takeshi observaba con incredulidad.
— ¡Cazzo! — Maldije despacio, sintiendo que el suelo desaparecía.
Antes de desplomarme, los brazos de mi esposo me sujetaron con delicadeza. Me cargó hasta el auto de Vittorio, depositándome en el asiento del copiloto antes de arrancar a toda velocidad.
— ¡El