ELETTRA MANCUSO
Por fin había llegado el día de perder mi libertad. Desperté temprano, con el rostro vacío de cualquier rastro de emoción. El agua helada de la ducha terminó de despejarme, aunque no cargaba con la pesadez de una resaca. Me puse la bata blanca mientras bostezaba y caminé hacia la ventana. Al abrirla, el amanecer se filtraba apenas en la habitación, tiñendo el aire con los primeros rayos de luz. Me quedé observando la inmensidad del mar, perdida en el horizonte, hasta