Extra #45.
Eva estaba hundida en las almohadas, pero su mente, alterada por la mezcla de alcohol y la sustancia que le habían dado, no se callaba. Tenía los ojos entreabiertos, vidriosos, y miraba al techo como si estuviera viendo una película de su propia vida.
— Es un tonto... — soltó de repente, con la voz arrastrada y un tono infantil que nunca usaría estando sobria — Un tonto sin corazón.
Ulises, que estaba a punto de levantarse para dejarla descansar, se detuvo en seco. Se quedó apoyado sobre una ro