Extra #50.
Ulises soltó una pequeña risa, una que no sonaba a burla por primera vez y extendió la mano para envolver los dedos de Eva, que seguían apretando el mango del cuchillo con una fuerza innecesaria.
El contacto fue eléctrico; la piel fría de ella contrastaba con el calor firme de la mano de él. Con una delicadeza que Eva no creía que un hombre como él poseyera, le retiró el utensilio y lo dejó sobre la mesa de madera astillada.
— Déjeme esto a mí, señorita. No quiero que mi cena termine con una vi