Extra #47.
El auto de Ulises se detuvo a media cuadra del restaurante. Eva, todavía sumida en ese silencio pesado que la acompañaba desde que salieron del hospital, se bajó sin decir mucho, cerrando la puerta con un golpe seco que resonó en la calle solitaria.
Ulises no arrancó de inmediato. Se quedó allí, apoyado contra el respaldo de cuero, observándola a través del cristal mientras ella caminaba con los hombros encogidos, tratando de recuperar su papel de mesera trabajadora tras el caos emocional de la