Extra #49.
Eva mantenía la mandíbula apretada mientras arrastraba a Theodore hacia la salida del callejón. El frío de la noche golpeó sus rostros en cuanto cruzaron el umbral, pero la furia que sentía ella por dentro era lo único que la mantenía caliente.
Theodore tropezaba con sus propios pies, intentando frenarla, con la capa ondeando de forma ridícula.
— ¡Eva, por favor! ¡Escúchame solo un segundo! — suplicó él, logrando soltarse del agarre de ella justo antes de llegar a la calle principal.
Eva se det