5.
Alejandro dejó caer las manos del panel y se giró lentamente hacia mí. Su rostro, iluminado por la luz de alarma,
Sus ojos fríos se clavaron en los míos.
—Parece que ahora sí tenemos tiempo para hablar de mis sentimientos, Ámber —dijo bromeando, o al menos eso quiero creer, dando un paso deliberado que acortó nuestra distancia.
No había ira, él solo permanecía tranquilo como una persona que tiene todo bajo control, tenía que poner los pies en la tierra.
—Alejandro, esto es serio. Estamos en pel