Mundo ficciónIniciar sesiónNo fuimos a la casa de nuestros padres después del entierro.
Ni loca volvería a pisar ese lugar de recuerdos amargos que constantemente amenazaban con arruinar mi felicidad actual. En cambio, fuimos a la única cafetería decente del pueblo, un lugar con luces fluorescentes y olor a café tostado que al menos era lo que prometía ser. Aceptable. Daniel se sentó frente a mí, toqueteando un pedazo de pastel de manzana. Parecía un fantasma con ojos vacíos y llenos de una oscuridad que lo estaba consumiendo. —Intenta comer un poco, Dani. —No tengo hambre —murmuró, sin siquiera mirarme. Me destrozaba verlo así. Nos mantuvimos en silencio un rato y luego no lo soporté. Tomé su mano y me atreví a hacerle la pregunta. —Dani... ¿cómo la encontraron? No lo hacía solo por curiosidad, sino porque él también tenía que dejar salir todo lo que tenía dentro. Él cerró los ojos con fuerza, como si intentara bloquear las imágenes tan atroces que le había tocado ver. O al menos eso pensaba. —En la iglesia —murmuró, y su voz se quebró—. Colgada en medio del altar. Como si fuera un... como si fuera un animal de caza. —Oh. —Había una nota clavada con un cuchillo en el púlpito. Escrita a mano... burlándose. Decía: "Un regalo de Kilian Volkov". Nada más. Mi estómago se revolvió al escuchar aquello. La escena en mi cabeza era simplemente atroz. —No entiendo por qué —continuó, pero de pronto sus ojos se abrieron, ambas perlas ardiendo en furia—. Elena era un alma pura, Nadia. Iba a misa, ayudaba a todos... jamás se metería en problemas. ¿Por qué ese monstruo le hizo eso? ¿Cuál fue el error tan grande que cometió para terminar así? Probablemente nada bueno. Su dolor era tan desgarrador que, por un momento, me olvidé de mi escepticismo natural. Aunque nunca creí por completo en la bondad de su prometida, por ahora solo veía a mi hermano destrozado. —Dani, lo siento mucho —fue todo lo que pude decir mientras seguía apretando su mano. —Necesito respuestas, hermana. Necesito saber qué rayos pasó para que mi futura esposa terminara así. —La policía... —¡La policía no hará nada! —me interrumpió, lleno de una ira que por ahora no podría ser controlada—. ¡Ya te dije quién fue el que la mató! ¿Crees que harán algo? Todos le tienen miedo. Nadie le tocará un solo cabello a Kilian Volkov. —Nunca se sabe, Dani. Tienes que confiar en que... —Tienes que ayudarme, Nadia. —Volvió a interrumpirme, y yo solo suspiré. Debería seguirle la corriente por ahora. Es lo mejor para él. —En lo que sea, Dani. Lo que sea que necesites —le respondí de inmediato. —Tienes que acercarte a él. ¿Qué? Parpadeé varias veces, sin estar segura de haber entendido bien. ¿De qué estás hablando? —¿Acercarme? ¿A Kilian Volkov? —pregunté, y él asintió—. ¿Estás loco? ¿Para qué? —Para averiguar la verdad —susurró, como si fuera un secreto mortal, y vaya que lo era—. Tal vez no lo recuerdes, pero ustedes fueron amigos, hace mucho tiempo, en el colegio. Antes de que se volviera... eso. —Ni lo sueñes. —Eres hermosa, Nadia, prácticamente irresistible. Podrías... hacer que se fije en ti. Que baje la guardia. —No. —Solo para sacarle la información que necesito... Por favor, hermana. Nunca te he pedido nada y lo sabes. La incredulidad se apoderó de mí. Miré a mi hermano, al ingeniero industrial lógico y sensato que creía conocer, pidiéndome que sedujera a un peligroso mafioso. —¿Estás demente, Daniel? —exclamé en voz baja—. ¡Es un asesino! No voy a arriesgar mi vida para... —Es la única forma, Nadia. —Me interrumpió, su desesperación lo tenía al borde del colapso—. Tienes que ayudarme. Eres la única persona capaz de acercarse a ese hombre. —Ya te dije que no, Dani. —Me planté firme y solté su mano—. Y si vas a seguir en este plan, lo mejor es que me vaya. —¿Me dejarías solo, Nadia? —Es una locura lo que me estás pidiendo hacer, ¿no lo ves? No soy una maldita espía, soy tu hermana menor. Y entonces su expresión se terminó de romper. En él solo podía ver dolor y desesperación a niveles estratosféricos. ¿Y ahora qué hago? —Entonces yo mismo iré y le sacaré la verdad. —¿Qué? —Iré a su guarida y le preguntaré por qué mató a Elena, mirándolo a la cara. Y me matará por hacerlo, pero al menos sabré la verdad antes de morir. —¡Dani, no digas esas cosas! —Al menos estaré con ella, Nadia... Nos íbamos a casar. ¿Puedes culparme por querer saber la verdad de por qué mi novia apareció colgada en medio de la iglesia? Me quedé helada. Sabía que él no estaba mintiendo. Realmente estaba decidido a enfrentarse a Kilian. Podía verlo en sus ojos. El dolor lo había llevado al borde del abismo y estaba a punto de saltar hacia una muerte inminente. —Dani, no... —le supliqué, tragando grueso y viendo hacia los lados—. Por favor, no digas esas cosas. Me asustas cuando pones esa mirada. —¿Qué más me queda, Nadia? —preguntó, ahora con lágrimas corriendo por su rostro—. Sin ella... sin Elena no soy nada. Con ella fui genuinamente feliz... Prefiero morir sabiendo la verdad que vivir en esta maldita oscuridad, que me tiene a punto de cometer una locura. Me quedé callada un momento, pensando en lo estúpido que sería aceptar hacer esta locura y salir viva para contarlo. Si él terminaba muerto, jamás sería capaz de perdonarme. Daniel Vega siempre fue mi ancla, mi protector, mi apoyo en todos los sentidos... No podía abandonarlo ahora, mucho menos estando en esta situación. Debía ayudarlo, aunque mi vida se pusiera en riesgo de inmediato. El amor que tenía por él era muchísimo más grande que cualquier cosa que hubiera sentido jamás. Cerré los ojos, conteniendo mis propias lágrimas llenas de frustración y terror. Respiré profundo, y cuando los abrí, la decisión estaba tomada. Veintisiete años me parecían una buena vida vivida... Y estoy segura de que será el número que pondrán en mi lápida. Porque si él descubría o siquiera sospechaba algo, yo terminaría como sopa de camarones para la cena. Kilian Volkov no dudaría en hacer una segunda función como la de Elena..., pero esta vez conmigo como protagonista. —Está bien —acepté después de un rato—. Está bien, Dani. Lo haré, joder. Te ayudaré. La esperanza que iluminó su rostro fue lo más doloroso de todo. Ahora él contaba conmigo y yo... con nadie. —¿En serio me ayudarás? —Solo por un par de días. Luego me regreso a Nueva York... No pienso arriesgar mi vida con ese hombre tan peligroso, hermano... Pero por un par de días, te ayudaré. Dios, espero sobrevivir a esta locura. La mayor de mi vida. Seducir a un mafioso asesino de mujeres bonitas.






