Inicio / Romance / Corazón Dividido: ¡Me Vengaré, Kilian Volkov! / Capítulo 6 — Tengo buenos recuerdos de ti de niña…
Capítulo 6 — Tengo buenos recuerdos de ti de niña…

El mundo a mi alrededor pareció reducirse únicamente a esos ojos avellana que parecían desnudarme con el alma.

Él sabía.

Sabía quién era yo y quizás hasta sabía por qué estaba ahí.

El pánico quiso apoderarse de mí, pero lo maté en un lugar profundo de mi interior.

Si le mostraba miedo a un mafioso, estaría perdida.

Mi plan era un asco, pero seguía siendo lo suficientemente inteligente como para salir de esta.

—Un giro del destino, sin duda alguna —logré responder después de salir de mi estupor, dándole un sorbo a mi nueva copa—. Aunque no sé si llamaría “regalo mortal” a un simple vestido. Es solo una tela bonita.

Kilian arqueó una ceja y sus ojos brillaron con una señal de interés genuino. Sin embargo, esa sonrisa fría no se desvaneció en ningún momento.

—La tela que envuelve el regalo es lo de menos. Lo que hay dentro es lo que más me intriga —respondió, su voz baja y seductora. Yo me removí, sintiendo cómo mi interior, por alguna razón, se agitaba—. Nadia Vega. De vuelta en Haven Falls después de... ¿cinco años? Debe haber pasado algo muy importante para arrastrarte de vuelta a este nido de víboras.

¿Cómo diablos sabe el tiempo que he estado sin venir?

Definitivamente ya sabe todo.

Tomé un sorbo de mi bebida, tratando de ganar un segundo. No había espacio para ninguna mentira obvia.

¿Me dará la oportunidad de escribir mi última voluntad?

El idiota de Daniel tendrá que ponerme una lápida de cristal por hacerle este favor.

—Eso ya lo sabes —respondí, manteniendo la mirada fija en él—. El funeral de la prometida de mi hermano fue hace poco y, bueno... estoy brindando apoyo, ya sabes cómo es esto.

Él asintió con lentitud, sin un ápice de emoción en su rostro.

Nada.

—Sin duda una tragedia... Aunque, debemos ser honestos, tú y yo nunca fuimos amigos de las lágrimas fáciles, ¿cierto? —De pronto, su mirada se volvió más intensa—. Recuerdo que en séptimo grado te caíste del columpio y te abriste la rodilla. Sangrabas como un cerdo abierto, pero te reíste en mi cara cuando te ofrecí mi pañuelo para limpiarte... Dijiste que la sangre te daba carácter en el recreo.

¿Qué?

Un golpe de sorpresa me noqueó por unos segundos.

Daniel tenía razón, realmente fui amiga de este mafioso. ¿Cómo m****a olvidé algo así?

Y ahora que me contaba esto, lo recordaba... Joder, lo recordaba con una nitidez que me dejaba sin aliento.

El chico alto y callado que siempre observaba a todos desde las sombras, con el que compartí mi merienda más de una vez solo porque era demasiado para mí, con quien jugué fútbol y de quien me burlé muchas veces porque siempre intentaba cuidarme cuando yo solo quería correr y divertirme.

Dios, ese niño fue Kilian.

—Tú...

—Yo —confirmó, y por primera vez, su sonrisa tuvo un destello de algo real y sincero—. Tengo buenos recuerdos de ti de niña... O bueno, eso fue antes de que tus padres decidieran que su hija perfecta y del camino de Dios no debía juntarse con la "familia equivocada" del pueblo.

Cierto, mamá y papá me habían prohibido hablar con él y luego simplemente Kilian desapareció.

Nunca más lo volví a ver.

Aquella confesión, cargada de una ironía amarga, resonó en mi corazón. Recordé las discusiones, las prohibiciones; todo empeoró después de eso.

—Las decisiones de mis padres no son las mías —le dije, recuperando el control, sonando desafiante.

Recuperando a la verdadera Nadia.

—Eso me queda más que claro, créeme —murmuró, dejando que su mirada recorriera de nuevo mi cuerpo con una lentitud perfectamente deliberada—. La niña adorable que se reía de su propia sangre se convirtió en una mujer que luce como un pecado andante. Además, fue la mujer que salvó a mi perro en Nueva York. Es... fascinante.

—¿Por qué no me lo dijiste esa vez en Nueva York?

Necesitaba saber eso.

—Porque yo tampoco sabía que eras tú —respondió, encogiéndose de hombros—. Nunca pude encontrarte después de estabilizar a Kaiser. Tenía pequeñas pistas de ti. Tu mechón blanco, por ejemplo... Uní las piezas cuando supe que la hija fugitiva de los Vega había vuelto. Mi sorpresa fue enorme cuando supe que eras veterinaria, que vivías en Nueva York y que tenías el mismo mechón blanco que la mujer misteriosa que salvó a Kaiser.

Oh.

Dios, ¿por qué tiene que sonar tan jodidamente sexy cuando habla?

La tensión sexual en el aire era evidente, pero los recuerdos entre los dos flotaban alrededor.

Estaba segura de que él no se había acercado a mí solo para recordar nuestro pasado juntos.

Kilian me había puesto el ojo. Estaba tanteando a una mujer atractiva y quería reclamar un pedazo de mi cuerpo que, a este punto, no le costaría nada conseguir.

Estaba demasiado bueno... Y se veía bien dotado, si me dejan añadir.

—La vida es un misterio... La verdad, me alegro mucho por Kaiser, espero que esté bien —respondí, dejando la bebida a un lado—. Sobre lo otro, mi mechón, así como la sangre en mi rodilla, también me da carácter.

Una risa baja y genuina se le salió del pecho.

Y yo medio lo acompañé.

—¿Continuamos en mi mesa? —me propuso de pronto, pero no sonaba como una pregunta, sino como una suave orden—. Creo que los fantasmas del recreo y los salvadores de perros en Central Park merecen un brindis privado.

¿Debería seguir con esto?

Sabía lo que pasaría si continuaba.

Cruzar esa línea con él, bajo la atenta mirada de todos, sería como firmar un pacto público.

Sería Nadia Vega, la mujer que regresó de la gran ciudad y que ahora estaba siendo reclamada por el hombre en quien el pueblo proyectaba todos sus miedos.

Se sentía una gran m****a hacer esto.

Pero negarme sería mostrar debilidad ante él, y nadie tenía derecho a ver esa faceta mía.

Bueno... Tal vez, solo Sasha.

—Solo si me das otro gin-tonic. Joder, esto está buenísimo —asentí, con una sonrisa torcida que sentía más genuina desde que entré a este lugar.

La sonrisa de Kilian se ensanchó al escuchar el tono desinteresado con que le había hablado.

Le encantaba el desafío y, por ahora, yo era su juguete más nuevo.

Aceptó mi petición, comenzó a caminar, y yo lo seguí en silencio, sintiendo su aura dominante justo delante de mí, abriendo un camino que todos los presentes observaban con incredulidad.

La hija de los intachables religiosos del pueblo, juntándose con el hombre que había matado a su cuñada.

No tendría el perdón de nadie. Tampoco me interesaba... Solo el de él.

El perdón y la sanación de Dani.

Al sentarnos, su pierna rozó la mía bajo la mesa con una lentitud que me generó escalofríos por todos lados.

No fue un accidente.

Y por obvias razones, tampoco me moví.

Un cosquilleo subió por mi muslo hasta mojarme las bragas.

Mi cuerpo traidor no me permitió apartarme. Tampoco quería hacerlo.

Nuestros nuevos tragos llegaron casi al instante y yo sonreí mientras tomaba mi bebida con elegancia.

—¿Siempre usas la nostalgia como carnada, Kilian? —le pregunté, inclinándome ligeramente sobre la mesa, dejando que mi escote hiciera lo suyo.

Sus ojos se oscurecieron, la atracción consumiéndolo de golpe, sobre todo porque era la primera vez que lo llamaba por su nombre.

—Solo con las que valen la pena recordar —confesó—. Y tú, Nadia, pareces ser alguien que vale la pena recordar... Incluso cuando te raspabas las rodillas jugando al fútbol —comentó, y yo bufé, divertida porque habían cosas que había olvidado por completo—. De nuevo, lamento lo de Elena... Tu hermano debe estar destrozado. Es una lástima las circunstancias que han envuelto todo alrededor de ella.

El corazón me dio un vuelco.

Él lo sabía.

Sabía que Daniel había visto la nota y que lo culpaba por la muerte de Elena.

Y aquí estaba, advirtiéndome, jugueteando conmigo, como un ratón jugando con su presa.

Mostrándome que sostenía todas las cartas para poder jugar.

—Supongo que sí... Quién sabe lo que habrá pasado con ella realmente. Yo solo espero que mi hermano la supere pronto. De todos modos, nunca me agradó por completo... Demasiado perfecta para mi gusto.

Quizás si finjo que no me importa en absoluto lo que pasó, tenga alguna oportunidad de entrar en su vida.

Él me sostuvo la mirada, y en sus ojos había un brillo que no supe cómo interpretar.

Lo único que sabía es que, a partir de ahora, mi vida no volvería a ser igual después de haberme metido en la vida de este hombre tan sexualmente atrayente.

El juego había comenzado.

Y yo, sin querer, acababa de mostrarle parte de mis cartas sin siquiera haber empezado mi turno.

M****a.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Karina loveSerá que Kilian sí desvivió a la Elena?
Escanea el código para leer en la APP