Mundo ficciónIniciar sesiónÉl solo la quería por una noche. Ella solo necesitaba el dinero. En un mundo donde el amor no tiene espacio y el poder manda, Kiara ofrece placer a domicilio: sin promesas, sin sentimientos, sin pasado. Hasta que Kael, un hombre temido, acostumbrado a comprarlo todo, incluso la compañía, empieza a buscarla no por deseo, sino por necesidad. Donde hubo fuego, ahora hay ternura, risas, noches de películas y el deseo cada día crece más y más.
Leer más—Tus padres han muertos. —Esas palabras aún me retumban en mi cerebro. Igual que las imágenes de aquel día donde los perdí a ambos y ahora Sarah está a punto de irse.
Suspiro al ver la puerta de Meredith, tocó dos veces antes de verla abrir la puerta. —Hola, Kiara —Me saluda, haciendo me sentir vergüenza, pues nunca antes le había hablado. Entro a su departamento con los pies temblorosos. —¿Podemos hablar? —pregunto en un susurro. —Claro, ¿en qué puedo ayudarte? —pregunta antes de hacer un pequeño silencio y volver a hablar— Lamento lo de tus padres, y lamento que no pude asistir —termina de decir. —Descuida —contesto. —¿Y qué necesitas? —me pregunta con una sonrisa. —Me dijeron que trabajas por dinero —pregunto temblorosa. Ella sonríe. —Querida, todos trabajamos por dinero —contesta. Siento mis mejillas arder de vergüenza. —Lo sé, disculpa… pero escuché que estás con... hombres por dinero —trato de sonar clara y directa. Veo su rostro cambiar; frunce el ceño mientras sus labios se aprietan ligeramente. —Lo que haga con mi vida no es asunto tuyo —contesta, mientras abre la puerta e indica que salga con una de sus manos. —Perdón, no es mi intención que te ofendas. Necesito tu ayuda para entrar a ese mundo —la veo dudar—. Por favor, necesito dinero, mi hermana está muy grave y debo pagar el hospital. —aclaro. —Comprendo tu situación, y te ayudaré en lo que pueda, pero primero antes de ir a la empresa, debes darte un baño. —contesta. Una sonrisa se forma en mis labios, dejando una esperanza instalada. Meredith cierra la puerta de su apartamento, camina hasta su dormitorio y trae con ella diferentes tacones. Me doy un largo baño en su departamento. Luego de unas horas de entrenamiento, me siento más cómoda al caminar con ellos. Mis pies no se acostumbran del todo a los tacones muy altos, pero los medianos son pan comido. —¿Tienes algunas prendas sexys? —pregunta con una sonrisa pícara. —No, lo siento. Mi ropa la compraba mi mamá —respondo con sinceridad. —Descuida —exclama, mientras vuelve a su dormitorio y trae con ella varias prendas de vestir. Al final, decido ponerme una minifalda con una blusa top. Me siento muy expuesta, casi desnuda. —¿No tienes una blusa menos… ya sabes? —indago, mientras siento que mi cuerpo se pone frío. Sonríe de manera cálida. —Claro que sí. —Saca de una bolsa una blusa gris con mangas largas y cuello de tortuga, con piedras blancas en el centro. Junto con la mini azul y unas botas hasta la rodilla del mismo color que la blusa, mi look es encantador. Me miro al espejo mientras ella me hace ondas largas para que mi cabello castaño caiga como cascada en mi espalda. —Terminamos —afirma con una sonrisa. Salimos de su departamento, y no puedo evitar notar las miradas curiosas de los vecinos. Incluso la señora Petra, que según mi madre no veía nada, me mira de forma acusatoria. Nos subimos al auto de Meredith, un auto súper lujoso. En el camino todo es tranquilo. Ella me explica algunas cosas, reglas que debo respetar si quiero entrar y permanecer en la empresa. Nos bajamos en un edificio. Caminamos por el pasillo mientras mujeres de todo tipo —grandes, pequeñas, altas y bajas— se desplazan con glamour. —¿Crees que tu jefa me deje entrar? —pregunto con la voz temblorosa al ver a cada una de esas chicas. —Kiara, eres hermosa. No dudes de tu potencial. Aunque no sepas nada de sexo, eso se aprende —responde con esa sonrisa que me da calma. Entramos en la oficina. En ella, una mujer con el cabello largo y rubio mira por la ventana. Su cuerpo es hermoso. —Lunita, traigo a una chica nueva —exclama Meredith, con entusiasmo en su voz. La chica voltea para vernos al rostro. Mis ojos se abren como platos al ver a la persona cara a cara.Me despierto con el corazón acelerado, recordando los últimos minutos del sueño que acabo de tener, en el mis padres le robaban a personas mayores su dinero y terminaron en la cárcel, cierro los ojos con fuerza. Necesito saber quién me escribió anoche, golpeó la cama al recordar que intenté llamar y la llamada no salio, los mensajes tampoco se enviaron, me levanto de la cama mirando el reloj, cuatro cuarenta de la mañana. Voy a la cocina y tomo un vaso de agua, busco las tarjetas que ya revise y las corto con una tijera, cuento las que quedan y solo hay catorce, no sé qué hacían mis padres y espero que sea lo que sea, no me persiga el resto de mi vida. Hago un poco de ejercicio, me está ayudando con la ansiedad que siento desde el accidente, me ducho y hago mi desayuno, tomó cuatro tarjetas para revisarla, me detengo al recordar el sueño. —¿Y son robadas y termino en la cárcel? —Ese pensamiento golpeó mi mente, sin pensarlo más dejé las tarjetas en una de mi mesita de noche y
Entró a la habitación mirándome como un lobo mira a su presa, con la puerta en la mano me indico que pasará, y al ver que estaba dentro la cerró. Me tomo por la cintura trayéndome hacia él y estampando sus labios en los míos, sus labios se movieron con rapidez, su lengua invadió mi boca sin darme tregua, sus manos tocando todo mi cuerpo, apretando mis glúteos con fuerzas, un gemido escapó de mis labios y su boca descendió a mi cuello, mis manos recorrieron su espalda, mi ropa termino en el suelo, mientras él empezaba a quitarse su traje, me recoste en la cama mientras veía como su ropa desaparecía poco a poco, dejando ver su miembro erecto, pase mi lengua por mis labios, él llegó a mi en dos zancadas. Continuó besando mis labios, cuello, chupando mis senos y masajeando con delicadeza, sus dedos llegaron hasta mi entrepierna, formando círculos en mi clítoris, un jadeo salió de mí, quería tomar el control, hacer cada cosa que aprendi, pero mi mente cedía a él, era como si yo era l
Cerré los ojos por instinto, mientras escuchaba el chirrido de las llantas contra el suelo, al abrirlo visualice a un hombre recoger al niño, Meredith salió del coche y yo hice lo mismo. —¿Son estúpidas o que? No pueden manejar con esa velocidad. —Exclamo el hombre a gran voz. —Disculpe señor, no quisimos ocasionar nada malo. —Mi voz salió atropellada, mientras mi corazón seguía latiendo a mil por horas. —Son unas irresponsables, saben que hay niños en esta zona. —Grito, las venas se notaban en su cuello, y sus ojos parecían salirse. —Tan poco quiera culparnos a nosotras, está es una carretera, es su deber cuidar de su hijo y en caso de no poder, hay muchos orfanatos disponibles. —La voz de Meredith salió disparada como un rayo, fría y penetrante. El señor no dijo nada, nos miró por encima de su hombro con los labios apretados mientras Meredith y yo subíamos al auto y continuábamos nuestra trayectoria. En el camino no hablamos nada al respeto, en su lugar ella me explicó
Camine despacio hacia la cama, abrí la caja, dentro había varios sobres, rebusque uno a uno, en el primero varias identificaciones falsas de mis padres, en el segundo, pasaportes de ellos y en el tercero, tarjetas de créditos. Mis padres no tenían tarjeta según recuerdo, aunque tampoco era que decían mucho. Continúe abriendo los sobres, en total encontré más de treinta pasaportes e identificación, solo de ellos. _¿Para que querían esto?—Mi mente se hundió en miles de preguntas que no tenían respuesta, continúe buscando para descubrir por lo menos la clave de las tarjetas y ver si tenían dinero. Abrí gavetas una por una, solo para ver la ropa de mamá, abrí el closet, luego de unos largos minutos de búsqueda, encontré un cofre, dentro una libreta, la abrí, y ahí estaba mi salvación, códigos con los números de varias tarjetas, los compare para ver si eran los mismos, y efectivamente, los números en las tarjetas conincidian con los que estaban en la libreta, al lado de cada numeració
Mi falda se deslizó por mis piernas, hasta llegar al suelo, levanté los pies despacio, para alejarla de mi, me quite las botas, sentando me al borde de la cama mirando como él se deshace de su pantalón. Me miro de una forma que no pude describir, se acercó a mí, y volvió a besarme, su lengua se adentro en la misma tocando cada parte. Se separó, para continuar en mis pechos, lamiendo, besando y succionando sin parar, mi respiración se volvió agitada, sus manos se deslizaron desde mi pecho hasta mi abdomen, entrando por mis bragas, hasta llegar a mi intimidad. Sus dedos se movieron en círculos, haciendo que mi espalda se arqueara, sus labios continuaron dejando besos en todo mi cuerpo, muslos, abdomen, cuello. Me quito la braga suavemente, cerré los ojos tan fuerte como pude, no tenía el valor de mirarlo a los ojos. Sentí su lengua rozar mi centro, mordí mis labios, mientras sentía electricidad caminar por cada centímetro de mi cuerpo, sentía como besaba, lamía y chupaba cada pa
—Señora Thomson. —Mi voz salió en un susurró. —Kiara, que grata sorpresa..—Exclamo al verme. Quien lo diría, pensé pasmada, mi maestra de artística, una señora que siempre iba mal vestida a la escuela, despeinada y sin nada de maquillaje, ahora parecía una muñeca de porcelana, un vestido ajustado a la rodilla color rojo vino, tacones de aguja bastante alto, su cabello bien arreglado y un maquillaje que resalta sus ojos. —Me alegra que se conozcan, eso hará todo más fácil. —Dijo Meredith mirando de una a la otra. La señora Thomson sonrió, una sonrisa que hizo que mi columna se erizará. —Esto no es por conocida querida, tendrás que ganarte un puesto. —Exclamo mirándome a los ojos. —Hare lo que me pida. Pero deme una oportunidad, por favor. —Implore sintiendo que está oportunidad se escapaba de mis manos. —Bien, tengo un cliente nuevo, es muy exigente, si logras que el pague cien mil dólares por estar contigo, entonces tendrás treinta mil dólares en tus manos y serás p





Último capítulo