Nueva York... ¡Dios, cómo amo esta maldita y ruidosa ciudad!Cada día era una nueva aventura en mi vida como veterinaria, fiestera y amante del sexo... Y, hablando de eso, esta noche no sería la excepción.Mi habitación entera olía a sexo, un aroma que me encendía todos los sentidos.Tenía a Mark, un tipo musculoso que conocí la semana pasada en una fiesta, debajo de mí, completamente a mi merced.Regalándome lo que más me gustaba; poder en la cama.—Dime quién es la que manda —le exigí, clavando mis uñas en sus pectorales mientras mis caderas chocaban contra las suyas con un ritmo salvaje.—Tú... Tú mandas, Nadia... ¡Siempre! —jadeó él, con los ojos oscurecidos por el placer.Una sonrisa llena de satisfacción se formó en mis labios.Amaba este juego.Sentir el poder correr por mis venas, correrme sabiendo que él hacía exactamente lo que quería.Me incliné hacia adelante y acerqué mis labios a su oído.—Eso es, cariño... —detuve mis movimientos y me bajé de encima—. Y ahora voy a veni
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