Después de todo el tour de compras al que habíamos sido arrastradas, Anastasia decidió que era hora de comer en un lujoso restaurante que le encantaba.
El lugar era tal y como me lo esperaba; exclusivo... y con una espectacular vista panorámica de Moscú iluminada.
Pero para mí, el platillo principal era una buena porción de ansiedad.
No había tenido noticias de Kilian en todo el día.
Ni siquiera un mensaje.
Mi teléfono había permanecido en completo silencio y sabía lo que eso signific