Mundo ficciónIniciar sesión—Dime todas tus fantasías, princesa. —Quiero que me cojas, que me destroces, que me ahorques y que me uses hasta que me arruines. Quiero que me hagas gemir y llorar, y quiero dejar mojadas todas tus sábanas, papi. El mundo de Grace se hizo pedazos la noche en que descubrió que su prometido era gay. Borracha, devastada y desesperada por olvidar, se metió en la habitación equivocada del hotel y cayó en los brazos de Apollo Reed. Un hombre de cuarenta años, endemoniadamente guapo y de corazón de piedra, que le doblaba la edad. Era todo lo que jamás debió desear. Y todo lo que nunca supo que necesitaba. Pero la realidad la golpearía con fuerza a la mañana siguiente, cuando se dio cuenta de que el hombre que le dio el primer orgasmo de su vida era su nuevo jefe. ¿Lo dejará tomarla otra vez? ¿Complacerla hasta dejarla temblando, suplicando y siendo toda suya? ¿O por fin entenderá que desear a un hombre así siempre tiene un precio? —Buena chica. Ahora abre las piernas.
Leer másGraceEn cuanto las palabras salieron de mi boca, algo en él pareció quebrarse.Apretó la mandíbula. Me apretó el muslo con más fuerza. Sin decir nada, sacó el dedo por completo y volvió a metérmelo.Solté un grito, casi un sollozo. La espalda se me despegó de la mesa, las caderas se me sacudieron en respuesta y abrí los ojos de par en par mientras intentaba asimilar el impacto.Lo miré con los labios entreabiertos y la respiración acelerada. Seguía con los ojos clavados en los míos, pero algo había cambiado. Tenía otra expresión, como si estuviera ahí, conmigo, y al mismo tiempo en otra parte. Se le oscureció la mirada, como si algo dentro de él se hubiera soltado por fin y ya no pudiera contenerse.—S-señor... —susurré, sin aliento.Fue como si esa sola palabra me prendiera una mecha en el vientre. Sentí que mi interior se apretaba alrededor de su dedo, palpitando, reteniéndolo con fuerza, como si mi cuerpo se negara a dejarlo ir.Se inclinó sobre mí. Quedó encima de mí. Me agarró el
GraceYa no sabía qué estaba pasando. La mente se me quedó en blanco. Sus caricias, sus roces, su voz... Dios, sus palabras. Me recorrían toda la espalda.—Estás empapada, servida para mí como el platillo perfecto. Sería de mala educación no darme el gusto. Ahora quédate quieta y déjame comerte.¿Qué... qué fue eso? ¿Quién dice algo así? En mis veintitrés años de vida jamás había oído algo tan descarado, tan brutalmente honesto, tan arrogante y, aun así, tan caliente que me hizo temblar los muslos.El escritorio era amplio y frío. Yo estaba encima, abierta de piernas como una maldita ofrenda, y él entre ellas como si yo fuera su festín personal. La forma en que me miraba, carajo, era la de un depredador saboreando el aroma antes de la primera mordida. Yo era la comida, servida en bandeja, lista para él.Me habría reído, si no fuera porque me ardía todo. ¿Cómo pasé de ignorarlo, de esconderme de él, de huir de este hombre, a estar tendida en su maldito escritorio, con el corazón descont
ApolloLa miré desde arriba, indiferente. Otra pesadilla.Me conocía lo suficiente para saber lo que venía después. Si no canalizaba el caos que me invadía, terminaría consumiéndome. Y ahora esta mujer... esta mujer extraña y caótica que estaba debajo de mí, sujeta contra mi escritorio, era la distracción perfecta.Me buscaba la mirada con los ojos muy abiertos, tratando de encontrar algún indicio de que era una broma. Incluso sonrió con torpeza, como si se negara a aceptarlo. Pero cuando se dio cuenta de que no bromeaba, la sonrisa se le borró.—¿Q-qué? —susurró con voz temblorosa—. Señor Reed, yo...Me incliné un poco y bajé la voz.—Te lo hice como si fueras mi última cena.Ella parpadeó, confundida, y arqueó las cejas hasta que añadí:—¿Qué más? Ah, mi dedo es más grande que su pitito.Abrió mucho los ojos al reconocer la frase, y se le escapó un grito. Le estudié la cara con cuidado y luego me eché apenas hacia atrás, lo justo para mirarla de frente.—Tú lo dijiste. Al final de tu
Grace—Grace, a partir de hoy el jefe quiere que trabajes directamente bajo sus órdenes. Tienes que subir.El cerebro se me apagó. Arriba. Bajo las órdenes de Apollo. Solté una risita nerviosa y negué.“Ah... Se me zafó un tornillo. Sí. Eso es. Oficialmente, estoy loca”.No había manera. Ni la más remota posibilidad de que yo, Grace, trabajara bajo las órdenes de ese demonio. ¿Yo? ¿En esta empresa enorme con más de mil empleados? Tenía que haber algún error.Miré al señor Aiden, esperando que rematara el chiste para reírnos todos, pero no apartaba la mirada. Hablaba muy en serio, carajo.Me señalé a mí misma y arqueé una ceja.—¿Yo?—Hasta donde sé, eres la única Grace aquí, ¿no? —Luego se volvió hacia la mujer a mi lado—. Sienna, ¿qué fue lo que dijo Chase?La mujer revisó su tableta y respondió:—Mmm, dijo que la de los lentes grandes, el cabello corto y rubio, y la ropa de bibliotecaria.Aiden me miró de arriba a abajo.—Así que sí. Eres tú, sin duda.Se me doblaron las rodillas. Li
Último capítulo