Mundo ficciónIniciar sesión—Dime todas tus fantasías, princesa. —Quiero que me cojas, que me destroces, que me ahorques y que me uses hasta que me arruines. Quiero que me hagas gemir y llorar, y quiero dejar mojadas todas tus sábanas, papi. El mundo de Grace se hizo pedazos la noche en que descubrió que su prometido era gay. Borracha, devastada y desesperada por olvidar, se metió en la habitación equivocada del hotel y cayó en los brazos de Apollo Reed. Un hombre de cuarenta años, endemoniadamente guapo y de corazón de piedra, que le doblaba la edad. Era todo lo que jamás debió desear. Y todo lo que nunca supo que necesitaba. Pero la realidad la golpearía con fuerza a la mañana siguiente, cuando se dio cuenta de que el hombre que le dio el primer orgasmo de su vida era su nuevo jefe. ¿Lo dejará tomarla otra vez? ¿Complacerla hasta dejarla temblando, suplicando y siendo toda suya? ¿O por fin entenderá que desear a un hombre así siempre tiene un precio? —Buena chica. Ahora abre las piernas.
Leer másGrace—¿La comida no está buena?La voz grave me sacó de mi ensimismamiento. Levanté la mirada, sobresaltada, y vi a River observándome con una ceja en alto.Parpadeé y bajé la mirada al plato. Llevaba un rato picando la comida con el tenedor sin comer. La comida era lo último que tenía en mente. No tenía apetito. ¿Cómo iba a tenerlo si llevaba un puto vibrador dentro?Y eso ni siquiera era lo peor. Lo más frustrante era que nunca lo había encendido. Desde que salí de la oficina de Apollo, no había presionado ese maldito botón.Ya habían pasado cinco horas. Tener algo presionado contra el clítoris no era tan insoportable como había imaginado; a veces hasta olvidaba que estaba ahí. Pero lo que me mataba era la tensión y la espera constante.Llevaba todo el día esperando. Miraba a hurtadillas hacia la oficina de Apollo y me preparaba para el momento en que activara el vibrador y me viera retorcerme, pero nunca llegaba. Apollo había estado ocupado. Casi ni le había visto la cara. Y ahora,
GraceMe aferré a su hombro con una mano y me tapé la boca con la otra, desesperada por contener los sonidos que se me escapaban.Respiraba entrecortadamente. El escritorio me lastimaba la espalda; tenía las piernas abiertas y Apollo estaba entre ellas. Un maldito vibrador zumbaba sin piedad dentro de mí.Y yo solo podía mirar al hombre que me había dejado así.Parecía orgulloso. Me observaba con una sonrisa peligrosa, sin apartar la mirada, como si yo no fuera más que su obra maestra. Su mano me sujetaba para impedir que me retorciera o me apartara, pero el placer era demasiado intenso para quedarme quieta.Increíble. No podía creer que algo tan pequeño hiciera sentir así a una mujer. No era su verga; nada podía compararse con ella. Aun así, me daba tanto placer que tenía claro que bajo ninguna circunstancia debía permitírmelo en su oficina.No era una santa; lo de ayer ya lo demostró. Pero esto era imprudente incluso para mí. Era demasiado temprano y peligroso. Alguien podía entrar e
Grace¿Castigarme? ¿Quería castigarme?Miré fijamente sus oscuros ojos color avellana e intenté entender sus palabras. Estaba confundida. ¿Por qué iba a castigarme? No había hecho nada malo; bueno, nada que mereciera un castigo. Si se refería al trabajo del día anterior, podía terminarlo a tiempo ese mismo día. No lo dejé pendiente a propósito.Bajé la mirada hacia sus labios y se me hizo un nudo en la garganta. O... ¿se trataba del beso del día anterior? ¿No me había castigado ya por eso? Me dio nalgadas y me cogió tan fuerte en su oficina que creí que ya todo había terminado.Debía de tener la confusión escrita en la cara. Aunque parecía indiferente, tenía la mirada ensombrecida cuando preguntó:—¿Qué crees que hiciste mal, señorita Grace?Me quedé paralizada, con ganas de llorar. ¿De verdad me preguntaba eso? ¿Cómo se suponía que iba a saber qué había hecho mal? ¿Era una trampa, una forma de obligarme a confesar hasta el menor detalle para después empeorarlo todo?“Bah, qué importa”
GraceMe quedé mirando el celular con la cabeza ladeada, como si la pantalla pudiera darme las respuestas que buscaba. No me dio ninguna. Por más vueltas que le diera, seguía sin entender la llamada de la noche anterior.Ni siquiera tuve que preguntar quién era; la voz de Charles cuando estaba borracho era inconfundible. Pero ¿por qué iba a llamarme así, de repente, para decirme que me amaba y luego colgar?No tenía sentido.Aunque, claro, nada de Charles ni de su familia tenía sentido. Por el bien de mi salud mental, me había jurado no volver a pensar en ellos. Pero la llamada seguía rondándome la cabeza.Más extraño fue el silencio que vino después. Ninguno intentó molestarme. El señor Grayson me había dado un día para pensar en su oferta. Nunca le respondí, pero aun así no recibí llamadas, mensajes furiosos ni amenazas de su parte.Dejé vagar la mirada por el cuarto hasta que se detuvo en la ventana del señor Reed. Se me revolvió el estómago. ¿Habría sido él?¿Apollo había interveni





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