Apollo
La miré desde arriba, indiferente. Otra pesadilla.
Me conocía lo suficiente para saber lo que venía después. Si no canalizaba el caos que me invadía, terminaría consumiéndome. Y ahora esta mujer... esta mujer extraña y caótica que estaba debajo de mí, sujeta contra mi escritorio, era la distracción perfecta.
Me buscaba la mirada con los ojos muy abiertos, tratando de encontrar algún indicio de que era una broma. Incluso sonrió con torpeza, como si se negara a aceptarlo. Pero cuando se dio