Mundo ficciónIniciar sesiónEl engaño destruyó su corazón; el poder de su tío destruirá su orgullo. Abigail entregó cinco años de su vida a Brandon, creyendo en sus promesas de amor eterno. Todo se derrumbó la noche antes de su boda, al descubrirlo en su propia cama real de matrimonio con su mejor amiga. Humillada y con el corazón roto, Abigail huye bajo la lluvia, decidida a no ser una víctima. La oportunidad de vengarse aparece de la forma más inesperada y peligrosa: Sebastian Laurent. Sebastian es el patriarca de la familia, un magnate implacable, frío y el tío multimillonario de Brandon. Él necesita una esposa de conveniencia para asegurar el control total del imperio familiar. Ella necesita un aliado lo suficientemente poderoso como para hacer temblar a su ex prometido. El trato es simple: un matrimonio falso de un año. Sin sentimientos. Sin intimidad. Sin embargo, cuando Brandon ve a su ex prometida del brazo del hombre al que más teme y respeta, el caos estalla. Lo que comenzó como un frío acuerdo de negocios se transforma en un juego de seducción oscuro y posesivo. Sebastian no planea dejar ir a su nueva esposa, y Abigail descubrirá que la venganza es un plato que se sirve frío... y en la cama del tío.
Leer más—Sí, acepto —mi voz resonó en las naves góticas de la catedral con una firmeza que sorprendió a los presentes, sepultando los últimos murmullos de la alta sociedad.El anciano sacerdote cerró el libro litúrgico con un golpe sordo, carraspeó para liberar la tensión acumulada y nos miró con una mezcla de resignación y asombro.—Por el poder que me ha sido otorgado, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.Sebastian no dudó ni una fracción de segundo. Se giró por completo hacia mí, su colosal estructura física bloqueando la luz que se filtraba por los vitrales, hundiéndome en su sombra protectora. Su mano larga y fuerte se posó en mi nuca con una delicadeza posesiva que me obligó a inclinar la cabeza hacia atrás. Cuando sus labios capturaron los míos, sentí una violenta descarga de calor recorrer cada milímetro de mi columna vertebral. No fue un roce superficial para las cámaras; fue un beso profundo, demandante y cargado de una intensidad devoradora que desestabilizó por comp
El murmullo de la multitud congregada a las afueras de la gran catedral de la ciudad se filtraba a través del cristal blindado del vehículo señorial. Brandon y Penélope ya se encontraban en el vestíbulo privado del templo, rodeados por un selecto grupo de reporteros de la prensa social. Con sonrisas ensayadas y rostros cargados de una falsa pesadumbre, se preparaban para dar una declaración exclusiva que limpiaría la imagen del joven heredero, consolidando la mentira del aplazamiento por "problemas de salud de la novia". Sin embargo, el destino de su farsa estaba a punto de ser triturado por una realidad que ninguno de los dos alcanzó a prever.A dos calles de distancia, el motor del coche clásico que me transportaba rugía con una elegancia pausada. El encaje de alta costura de mi vestido de novia se extendía sobre el asiento de piel, una armadura blanca impecable que contrastaba con la fría determinación que gobernaba mis facciones. No había temblor en mis manos, ni dudas en mi pecho
Desde el encuentro con Penélope en el café, las palabras plasmadas en la pantalla de mi teléfono seguían grabadas a fuego en mi mente. “No eres más que una sombra de un pasado que él se niega a soltar”. La advertencia anónima volvía a mí cada vez que la mansión Laurent quedaba sumida en el silencio de la noche. Observaba el techo de la habitación de invitados, intentando descifrar el verdadero rostro de Sebastian. Me había aliado con él buscando una armadura para destrozar a Brandon, pero a pocas horas de dar el paso definitivo, una densa neblina de dudas enturbiaba mis pensamientos. ¿Qué clase de pasado arrastraba ese hombre tan implacable? ¿Y por qué sentía que su repentino interés en mí ocultaba algo mucho más profundo que una simple estrategia de poder corporativo?Mis reflexiones se vieron interrumpidas abruptamente por el destello parpadeante de mi tableta sobre la mesa de noche. Una alerta de prensa de alta prioridad iluminó la pantalla. Al deslizar el dedo para abrir el enlace
El tintineo de las cucharas contra la porcelana y el murmullo de las conversaciones matutinas en el café de la zona financiera no lograban disipar la fría expectación que se había instalado en mi pecho. Faltaban solo cuatro días para lo que se suponía que sería mi boda, y aunque ya había firmado el contrato con Sebastian, necesitaba un momento de aislamiento para procesar la magnitud de mi decisión. Sin embargo, la tranquilidad duró poco. La silla frente a mí se arrastró con un chirrido agudo, y al levantar la mirada, me encontré con la última persona que deseaba ver.Penélope se acomodó en el asiento con una sonrisa ladina, luciendo unos lentes de sol de diseñador que se quitó con una lentitud irritante. Su mirada barrió mi sencillo vestido negro de punto, destilando una superioridad fingida que me revolvió el estómago.—Vaya, Abigail. Te costó un poco darte cuenta de la realidad, ¿no? —comenzó a decir, apoyando los codos en la mesa con un cinismo que me pareció monumental—. Me enter





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