Mundo ficciónIniciar sesiónEl engaño destruyó su corazón; el poder de su tío destruirá su orgullo. Abigail entregó cinco años de su vida a Brandon, creyendo en sus promesas de amor eterno. Todo se derrumbó una semana antes de su boda, al descubrirlo en la cama con su mejor amiga. Humillada y con el corazón roto, Abigail huye, decidida a no ser una víctima. La oportunidad de vengarse aparece de la forma más inesperada y peligrosa: Sebastian Laurent. Sebastian es el patriarca de la familia, un magnate implacable, frío y el tío multimillonario de Brandon. Él necesita una esposa de conveniencia para asegurar el control total del imperio familiar. Ella necesita un aliado lo suficientemente poderoso como para hacer temblar a su ex prometido. El trato es simple: un matrimonio falso de un año. Sin sentimientos. Sin intimidad. Sin embargo, cuando Brandon ve a su ex prometida del brazo del hombre al que más teme y respeta, el caos estalla. Lo que comenzó como un frío acuerdo de negocios se transforma en un juego de seducción oscuro y posesivo. Sebastian no planea dejar ir a su nueva esposa, y Abigail descubrirá que la venganza es un plato que se sirve frío... y en la cama del tío.
Leer másA la mañana siguiente, el sol iluminaba con una normalidad engañosa los extensos sembradíos del campo, derramando una luz dorada sobre el paisaje y haciendo que todo pareciera mucho más tranquilo de lo que realmente se sentía. Sebastian y yo compartíamos un desayuno tardío junto a mi padre, sentados alrededor de la vieja mesa de madera del comedor, mientras el aroma del café recién hecho y del pan casero todavía tibio llenaba la estancia. A nuestro alrededor, algunas maletas esperaban junto a la puerta y varias pertenencias que aún debíamos guardar ocupaban un rincón del comedor. Nuestra semana de descanso había llegado a su final y, aunque la noche anterior había conseguido tranquilizarme, una inquietud persistía bajo la superficie. Sabía que, en cuanto emprendiéramos el regreso, aquella sensación de calma probablemente desaparecería con la misma rapidez con la que había llegado.—El camino del norte suele complicarse bastante los lunes por la tarde, Sebastian —comentó mi padre, sirv
En mitad de la quietud de aquella madrugada, llevaba horas batallando con el insomnio, incapaz de dejar atrás lo ocurrido junto al río. Aparté las sábanas con cuidado para no despertar a Sebastian y me incorporé despacio. Permanecí unos segundos sentada al borde de la cama, reuniendo el valor necesario para enfrentar aquello que llevaba horas atormentándome, antes de acercarme a la ventana. Él continuaba profundamente dormido, ajeno a todo lo que me mantenía despierta. La oscuridad cubría el espacio, apenas interrumpida por la claridad tenue que se filtraba por el cristal de la ventana. Con los brazos cruzados sobre el pecho y los dedos aferrados al tejido de mi camisón de seda, observé los contornos oscuros del exterior. La huella de aquella bota y la colilla encontrada entre los sauces seguían siendo las únicas pruebas de que alguien había estado allí. ¿Quién había sido? ¿Cuánto tiempo permaneció oculto antes de que llegáramos? Una sensación incómoda me recorrió el cuerpo al compren
El ambiente en la cabaña se había vuelto un poco más tenso desde la llamada de la noche anterior. Aunque durante la mañana ambos habíamos intentado actuar con normalidad, aquella sensación seguía presente, difícil de ignorar. Sebastian, al notar que la preocupación comenzaba a pesarme otra vez, tomó mi mano a media tarde y me propuso dar un paseo a solas hasta el río. Caminamos hacia la zona más apartada y boscosa de la propiedad de mi padre, buscando un poco de aire entre los árboles y el silencio del campo.Avanzábamos bajo la luz dorada del atardecer. El sonido del agua golpeando las piedras se hacía más claro a medida que nos internábamos por el sendero rodeado de sauces llorones, pero la tranquilidad que aquellos paisajes me habían dado durante los primeros días ya no conseguía hacer desaparecer mis pensamientos. Al llegar a la orilla, contemplé durante unos segundos el reflejo del cielo sobre la corriente antes de aceptar que ya no podía seguir callándome. Me detuve sobre la tie
A media tarde, mi padre y Sebastian tomaron las cañas de pescar que guardábamos en el cobertizo y decidieron caminar hasta el río que atravesaba los límites de la propiedad. Sebastian insistió en que yo me quedara descansando en la cabaña para terminar de recuperar mis fuerzas por completo. Verlo caminar junto a mi padre, escuchándolo con atención y adaptando naturalmente su paso al suyo, me dejó una sensación de profunda calidez en mitad del pecho.En cuanto sus siluetas desaparecieron detrás de la colina de los cultivos, perdí de vista sus figuras y con ellas la última distracción que quedaba en aquella parte de la propiedad. Por fin tenía la cabaña para mí sola, sin ninguna otra cosa que reclamara mi atención.Me estiré en mitad del salón rústico, disfrutando de aquella quietud que parecía envolver cada rincón. Decidida a aprovechar esas dos horas de libertad, caminé descalza hasta el viejo reproductor de música que mi padre conservaba sobre la repisa de madera. Lo encendí y, despu
Último capítulo