Grace
Me quedé paralizada.
Fue como si algo hubiera entrado en mí y hecho pedazos todo lo que creía saber sobre el placer y sobre mí misma.
—Carajo —se me escapó mientras la cabeza se me iba hacia atrás contra la almohada y la espalda se me arqueaba un poco. Los muslos me temblaban y cada músculo del vientre se me contraía, como si me estuviera quemando.
Él se detuvo sobre mí. Ese hombre guapísimo e indescifrable frunció apenas el ceño, como si acabara de entender algo inesperado.
—¿Eres virgen?