Grace
Siete palabras me daban vueltas en la cabeza como una canción mala que no podía dejar de repetirse.
“Voy a mamar verga en mi sueño”.
Estaba arrodillada en la cama, con las manos alrededor de la cintura de ese desconocido, la cara demasiado cerca de sus caderas y la mejilla casi rozando la línea de músculo que desaparecía bajo una toalla peligrosamente baja.
En circunstancias normales, jamás haría algo así si fuera real. Por más destrozada que estuviera. Por más copas que me hubiera tomado.