Grace
La luz molesta del sol se me coló entre las pestañas. Gruñí con fastidio, me di la vuelta y tiré del borde de la manta para cubrirme la cara.
—Charles —murmuré, con la voz ronca de sueño—. Cierra la cortina, cariño...
No hubo respuesta. Suspiré contra la almohada.
—Charles, mi amor. Por favor.
Todavía nada. Fruncí el ceño.
—¿Charles?
—Charles...
—Charles...
Una voz grave cortó el silencio.
—¿Estás teniendo otro sueño húmedo o hablas sola? ¿Cuál de las dos cosas?
Abrí los ojos de golpe. Esa