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Después De Que Mi Pareja Alfa Fingiera Ser Una Omega Durante 7 Años, Desaparecí

Después De Que Mi Pareja Alfa Fingiera Ser Una Omega Durante 7 Años, Desaparecí

Mi compañero Ethan era un omega sin lobo, sin trabajo estable que nos sostuviera. Vivíamos en la pobreza, pero yo creía que nuestro amor superaría cualquier dificultad. En el séptimo año, desde que me emparejé con él, el hambre nos obligó a rebuscar en los contenedores por la noche. Teo lo hacía en silencio y rápido. Encontró comida con destreza y me susurró alegre: —¡Mamá, este contenedor es de un restaurante Michelin! ¡La comida es fresca y rica! ¡Llevémosle algo a papá! Al día siguiente, me puse mi ropa más decente—ya descolorida de tanto lavarla— para postularme como limpiadora en ese restaurante. Si me contrataban, al menos podría llevarme las sobras antes de que cayeran al contenedor. Pero, al levantar la vista, vi a Ethan bajando de un auto de lujo, valorado en millones. Lo seguían, una mujer elegante y su hijo, ambos vestidos con ostentación. Reconocí a Mira, su amiga de la infancia. El dueño del restaurante me habló con un tono de disculpas: —Lo siento, señora Cheryl. El alfa Ethan ha reservado todo el local hoy para Mira. Hoy debo enfocarme en atenderlos... no puedo entrevistarla. Vuelva en otro momento, por favor. En ese instante, mi hijo y yo nos quedamos paralizados.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Yo Fui el Trato que Él Sacrificó

Yo Fui el Trato que Él Sacrificó

Para el mundo, yo era la Señora Herrera, la reina intocable que gobernaba al lado del rey de la mafia de Ciudad Esperanza, Diego Herrera. Pero yo sabía que mi esposo nunca me había amado. Su corazón siempre había pertenecido a Valeria Santos, la esposa de su sobrino. Y, después de que ese sobrino murió convenientemente, Diego la llevó a nuestra mansión. —Solo quiero cuidar mejor de ella —había dicho. Y su versión de «cuidar» consistió en echar a un hombre de una fiesta por atreverse a coquetear con Valeria, para luego dejarla embarazada. Diego solía elogiarme en público como si fuera su esposa perfecta. Y lo era. De hecho, lo había ayudado a construir su imperio. Yo era quien sonreía y actuaba amablemente, la que hizo brillar su casino mientras él escondía a Valeria como si fuera algo sagrado. Debido a todos esos elogios, uno de sus enemigos puso sus ojos en mí y me secuestraron. Le enviaron un mensaje a Diego empapado en sangre y amenazas: «Retírate, abandona Ciudad Esperanza, o tu hermosa esposa morirá». Por supuesto, Diego eligió no retirarse. —Solo espera —me dijo por teléfono—. No te harán daño, Sofía. Eres su garantía. Aguanta hasta que Valeria dé a luz. Entonces, iré por ti. Estuve ocho meses encerrada en un agujero inmundo, hambrienta, golpeada, degradada, mientras el líder de la banda me violaba una y otra vez. Aun así, Diego nunca fue por mí. Finalmente, escapé cuando estaban todos borrachos. Volví a casa solo para encontrar a mis gemelos durmiendo en el cuarto de la servidumbre, comiendo sobras, mientras Diego estaba demasiado ocupado organizando una fiesta para su hija recién nacida. No lo enfrenté, simplemente empaqué las cosas de mis bebés y desaparecí.
Cuento corto · Mafia
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Lo di todo por él y me humilló... ¡Ahora brillo en el MIT!

Lo di todo por él y me humilló... ¡Ahora brillo en el MIT!

Un día antes del baile de graduación de la preparatoria, Ethan me llevó a la cama. Fue brusco y me lo pidió todo durante toda la noche. Aunque me dolía, por dentro rebosaba de dulzura. Llevaba diez años enamorada de Ethan en secreto y, al fin, mi sueño se volvía realidad. Me prometió que, al graduarnos, se casaría conmigo y que, cuando heredara la familia Luciano de manos de su padre, me convertiría en la mujer más distinguida del clan. A la mañana siguiente, Ethan me abrazó y le confesó a mi hermano adoptivo que ya éramos pareja. Sentada tímidamente en su regazo, me sentí la mujer más feliz del mundo. Pero, de pronto, cambiaron la conversación al italiano. Mi hermano Lucas bromeó con Ethan: —No cabe duda, Young Boss: en su primera vez, ¡la reina de la clase se entregó solita! —¿Y a qué sabe mi hermanastra? —Se ve inocente, pero en la cama es todo lo contrario —respondió Ethan con desdén. Las carcajadas estallaron. —Entonces, ¿debo llamarla hermana… o cuñada? Ethan frunció el ceño y negó: —¿Cuñada? Para nada. Quiero conquistar a la capitana de las porristas; por si ella cree que no sé lo que hago, entreno primero con Cynthia. Y ni se les ocurra contarle a Sylvia que me acosté con Cynthia; no quiero que se moleste. Lo que ellos ignoraban era que, para estar con Ethan en el futuro, yo ya había aprendido italiano a escondidas. Sin embargo, al oír todo aquello, no dije nada, sino que me limité a cambiar en silencio mi solicitud universitaria del Caltech al Instituto Tecnológico de Massachusetts.
Cuento corto · Mafia
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Amar a quien me rechaza

Amar a quien me rechaza

Lo peor que hice en mi vida fue enamorarme de mi hermanastro Alfa, Gustavo Íguez. Tenía doce años cuando mi madre se volvió a casar, y él fue el único en la manada que me trató con amabilidad. Me enamoré en el acto. A los dieciséis, una banda de lobos errantes me atacó, y fue Gustavo quien, solo, se enfrentó a todos para protegerme. A los dieciocho, cuando se envenenó con acónito y estuvo al borde de la muerte, mi loba me susurró que él era mi compañero destinado. No lo dudé: doné mi médula ósea para salvarle la vida. Esa misma noche, al verlo dormir pálido y débil, no pude resistir la tentación y le besé la comisura de los labios. En ese instante abrió los ojos, se sonrojó y me dijo: —Sofía Tónez, somos hermanos, no deberías cruzar esa línea. Desde entonces empezó a evitarme, como si todo lo ocurrido hubiera sido un error imperdonable. Hasta que un día a su prometida, Livia Rosales, le diagnosticaron una extraña enfermedad en la sangre, y la única compatible para una transfusión era yo. Fue la primera vez que me pidió algo casi en un susurro: —Si haces esto por ella, aceptaré lo que quieras pedirme. Pero yo ya estaba débil por la donación de médula, y donar sangre ponía en serio riesgo mi salud. Lo rechacé. Al final, Livia murió. Él no derramó una sola lágrima... se comportó como si nada hubiera pasado. En el funeral de Livia, él tiró al suelo el retrato que yo le había pintado y, con una dureza helada, me soltó: —¡Te enamoraste de tu propio hermano! ¡Qué vergüenza! A partir de ahí me convertí en el hazmerreír de la manada. La humillación me ahogó... la desesperación me llevó al límite y, en un estado de confusión, caí al lago y me hundí. Cuando abrí los ojos, volví al momento en que me pidió que le donara sangre. Esta vez acepté sin pensarlo: lo hice para saldar la última deuda que tenía con la familia Íguez. Al final, Gustavo y yo ya estábamos separados, y entre nosotros no quedaba ninguna deuda pendiente.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Mi Alma Errante Por El Rencor

Mi Alma Errante Por El Rencor

Tres años después de mi muerte, mi querido esposo, Nicolás Pérez, finalmente se acordó de mí, porque su amor de la infancia padecía de leucemia mieloide y necesitaba un nuevo trasplante de células madre. Él fue a mi casa para que yo firmara el acuerdo de donación, pero no encontró a nadie ahí. Curioso, le preguntó a mi vecina, María, quien le respondió: —¿Estás preguntando por Candela? ¡Murió hace tres años! Alguien la obligó a donar cédulas madre cuando estaba enferma y murió días después de eso. Nicolás creyó que fui yo quien le pidió que María lo engañara. Le gritó con impaciencia: —Por favor, dile que, si no aparece en tres días, ¡cortaré los gastos médicos del bastardo que cría! Al ver que Nicolás no la creyó, María dio un suspiro y se fue murmurando: —El niño también murió de hambre hace mucho tiempo…
Cuento corto · Romance
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Tras mi muerte, mi mate besó mi cadáver

Tras mi muerte, mi mate besó mi cadáver

Solo por haberme olvidado de traer de vuelta a la amante de mi mate, dejándola sola en el desierto durante tres horas, él montó en cólera y me arrojó a un pozo en medio de la nada. —Prueba lo que ha sufrido Melinda. El profundo y estrecho pozo me dificultaba la respiración, debido a que tenía que encorvarme. Al final, le confesé mi error y le pedí ayuda, solo para que me reprendiera con frialdad: —Reflexiona aquí sobre tu error. Esa es la única manera en la que aprenderás a comportarte como una verdadera Luna. Dicho esto, ordenó a uno de sus hombres que bloqueara la boca del pozo con una pesada roca. Grité con desesperación, escalé, una y otra vez, pero fue en vano. No hacía más que caer. Las paredes del pozo estaban cubiertas de las huellas de mis intentos de salir de allí. Hasta que finalmente mi garganta se resecó y ya no pude emitir sonido alguno. Dos semanas después, cuando él vio el regalo de cumpleaños que le había reservado, tuvo piedad y decidió poner fin a mi castigo, pero no sabía que mi cuerpo, en el fondo del pozo, había sido roído por gusanos y serpientes.
Cuento corto · Hombres Lobo
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¡Adiós para siempre!

¡Adiós para siempre!

Cuando morí, aplastada por la cabina de la rueda de la fortuna donde Carlos y Yolanda tenían su aventura, también murió, ese día, el bebé que llevaba en mi vientre. Yolanda, manipuló a Carlos para que me sacara el bebé y se lo diera a ella, robándose también mi teléfono que luego usó para difamarme y convencer a Carlos de que no me buscara. Cuando Carlos descubrió que el cuerpo sin vida era el mío y que el bebé que extrajo para Yolanda era nuestro hijo, solo le quedó decir que el nonato fue bueno y tendría fortuna en su próxima vida, pero a pesar de su arrepentimiento siguió preparando su boda, mientras mi espíritu se iba desvaneciendo. Durante la boda, Carlos expuso todos los actos malvados de Yolanda y, en su último arrepentimiento, la arrastró con él desde la azotea. Ella murió instantáneamente, pero Carlos sobrevivió condenado a vivir como un vegetal.
Cuento corto · Romance
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Mañana y siempre, aun en la distancia

Mañana y siempre, aun en la distancia

Salté al mar para rescatar a Alejandro Herrera solo porque, en público, le hice reanimación cardiopulmonar. La promesa de matrimonio que debía caer sobre la cabeza de mi prima terminó siendo para mí. Pero Alejandro prefería ahogar sus penas en alcohol la noche de bodas antes que quedarse a mi lado. Yo, Ana Suárez, ingenua, creía que algún día lo calentaría con mi amor. Hasta que, tres años después, mi prima regresó con un niño que se parecía al setenta por ciento a Alejandro. Me quedé sin aliento: entonces entendí que esa noche, cuando me dejó sola en la habitación, él había tenido con ella una noche escandalosa. —Ana, estos años te han hecho sufrir; me haré cargo, haré que Mariana Suárez devuelva a la señora Herrera su lugar. Le conté a Alejandro que yo también estaba embarazada, pero ni eso logró recuperar su corazón. Con un frío “arráncalo”, me empujaron hacia la mesa de operaciones: una vida menos, dos destinos truncados. Al abrir los ojos de nuevo, volví al día en que Alejandro cayó al mar. Vi al hombre empapado y, desde entre la multitud, grité el nombre de mi prima...
Cuento corto · Romance
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¡Muere, matrimonio de mentiras!

¡Muere, matrimonio de mentiras!

El día de la ceremonia de marcado, mi compañero destinado y mi hermana Rose se aparearon en el vestidor de las damas de honor… donde fueron descubiertos en pleno acto, convirtiéndome en la burla de toda la manada. Justo cuando la vergüenza me tragaba viva, el Alfa Nate dio un paso al frente y, delante de todos, me marcó. Después de la boda me colmó de atenciones, pero nunca pudimos tener un hijo. Hasta que, gracias a la fecundación in vitro, por fin quedé embarazada. Él me cuidó con más esmero todavía; incluso dormido me llamaba «bebé». Creí que al fin la diosa Luna nos bendecía con la felicidad. Hasta que aquel día escuché su conversación con el Beta, su mano derecha. —Nate, ¡qué cruel eres! Luna Diana te trata tan bien y, porque Rose le teme al dolor y no quiere parir, ¿de verdad cambiaste en secreto los óvulos para que Luna fuera la madre sustituta? —El bebé nacerá en dos meses. ¿Qué piensas hacer? Guardó silencio un instante y suspiró: —Cuando nazca, se lo entregaré a Rose; así cumplirá su sueño de ser mamá. A Luna Diana le diré que el bebé nació muerto. Al fin y al cabo, ella es solo una Omega abandonada. Si la acompaño toda la vida, lo consideraré compensación suficiente. Así descubrí que todas aquellas caricias y promesas de protección eran una farsa. Di la vuelta y pedí cita para interrumpir el embarazo. No quería a ese hijo concebido con engaños. Y, mucho menos, ese matrimonio hipócrita. Era una Omega de la raza loba, pero no un objeto que cualquiera pudiera manejar.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Después de renacer, dejé de ser Luna para ir a Harvard

Después de renacer, dejé de ser Luna para ir a Harvard

Después de renacer, pedí a una bruja que borrara el vínculo del alma entre León y yo. Usé un hechizo de transferencia para trasladar ese vínculo a su hermana adoptiva, Lisa. A partir de entonces, él solo creería que Lisa era su verdadera compañera destinada. Antes de que él pudiera actuar, cambié los nombres en las invitaciones de la ceremonia de apareamiento y entregué personalmente el lujoso vestido que había encargado hacía más de medio año a Lisa. Cuando León y Lisa partieron al sur para una inspección, usé el nombre de Alfa para ocupar el cupo de Luna de la manada y escribí una carta de recomendación que enviaría a Lisa a la Universidad Emory en el mundo humano. Mientras tanto, yo entraba a Harvard. En mi vida anterior, después de veinte años juntos, él llegó con nuestros hijos y nietos para arrodillarse ante mí, suplicando que eliminara la marca de apareamiento. Solo para poder ser enterrado con Lisa después de morir. En esta segunda vida, no volví a sacrificar mi futuro por nadie. Esta vez ingresé a una universidad de élite, me convertí en mi propio orgullo y jamás volví la vista atrás.
Cuento corto · Hombres Lobo
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