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Mi Alma Errante Por El Rencor

Mi Alma Errante Por El Rencor

Tres años después de mi muerte, mi querido esposo, Nicolás Pérez, finalmente se acordó de mí, porque su amor de la infancia padecía de leucemia mieloide y necesitaba un nuevo trasplante de células madre. Él fue a mi casa para que yo firmara el acuerdo de donación, pero no encontró a nadie ahí. Curioso, le preguntó a mi vecina, María, quien le respondió: —¿Estás preguntando por Candela? ¡Murió hace tres años! Alguien la obligó a donar cédulas madre cuando estaba enferma y murió días después de eso. Nicolás creyó que fui yo quien le pidió que María lo engañara. Le gritó con impaciencia: —Por favor, dile que, si no aparece en tres días, ¡cortaré los gastos médicos del bastardo que cría! Al ver que Nicolás no la creyó, María dio un suspiro y se fue murmurando: —El niño también murió de hambre hace mucho tiempo…
Cuento corto · Romance
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Mañana y siempre, aun en la distancia

Mañana y siempre, aun en la distancia

Salté al mar para rescatar a Alejandro Herrera solo porque, en público, le hice reanimación cardiopulmonar. La promesa de matrimonio que debía caer sobre la cabeza de mi prima terminó siendo para mí. Pero Alejandro prefería ahogar sus penas en alcohol la noche de bodas antes que quedarse a mi lado. Yo, Ana Suárez, ingenua, creía que algún día lo calentaría con mi amor. Hasta que, tres años después, mi prima regresó con un niño que se parecía al setenta por ciento a Alejandro. Me quedé sin aliento: entonces entendí que esa noche, cuando me dejó sola en la habitación, él había tenido con ella una noche escandalosa. —Ana, estos años te han hecho sufrir; me haré cargo, haré que Mariana Suárez devuelva a la señora Herrera su lugar. Le conté a Alejandro que yo también estaba embarazada, pero ni eso logró recuperar su corazón. Con un frío “arráncalo”, me empujaron hacia la mesa de operaciones: una vida menos, dos destinos truncados. Al abrir los ojos de nuevo, volví al día en que Alejandro cayó al mar. Vi al hombre empapado y, desde entre la multitud, grité el nombre de mi prima...
Cuento corto · Romance
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¡Adiós para siempre!

¡Adiós para siempre!

Cuando morí, aplastada por la cabina de la rueda de la fortuna donde Carlos y Yolanda tenían su aventura, también murió, ese día, el bebé que llevaba en mi vientre. Yolanda, manipuló a Carlos para que me sacara el bebé y se lo diera a ella, robándose también mi teléfono que luego usó para difamarme y convencer a Carlos de que no me buscara. Cuando Carlos descubrió que el cuerpo sin vida era el mío y que el bebé que extrajo para Yolanda era nuestro hijo, solo le quedó decir que el nonato fue bueno y tendría fortuna en su próxima vida, pero a pesar de su arrepentimiento siguió preparando su boda, mientras mi espíritu se iba desvaneciendo. Durante la boda, Carlos expuso todos los actos malvados de Yolanda y, en su último arrepentimiento, la arrastró con él desde la azotea. Ella murió instantáneamente, pero Carlos sobrevivió condenado a vivir como un vegetal.
Cuento corto · Romance
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¡Muere, matrimonio de mentiras!

¡Muere, matrimonio de mentiras!

El día de la ceremonia de marcado, mi compañero destinado y mi hermana Rose se aparearon en el vestidor de las damas de honor… donde fueron descubiertos en pleno acto, convirtiéndome en la burla de toda la manada. Justo cuando la vergüenza me tragaba viva, el Alfa Nate dio un paso al frente y, delante de todos, me marcó. Después de la boda me colmó de atenciones, pero nunca pudimos tener un hijo. Hasta que, gracias a la fecundación in vitro, por fin quedé embarazada. Él me cuidó con más esmero todavía; incluso dormido me llamaba «bebé». Creí que al fin la diosa Luna nos bendecía con la felicidad. Hasta que aquel día escuché su conversación con el Beta, su mano derecha. —Nate, ¡qué cruel eres! Luna Diana te trata tan bien y, porque Rose le teme al dolor y no quiere parir, ¿de verdad cambiaste en secreto los óvulos para que Luna fuera la madre sustituta? —El bebé nacerá en dos meses. ¿Qué piensas hacer? Guardó silencio un instante y suspiró: —Cuando nazca, se lo entregaré a Rose; así cumplirá su sueño de ser mamá. A Luna Diana le diré que el bebé nació muerto. Al fin y al cabo, ella es solo una Omega abandonada. Si la acompaño toda la vida, lo consideraré compensación suficiente. Así descubrí que todas aquellas caricias y promesas de protección eran una farsa. Di la vuelta y pedí cita para interrumpir el embarazo. No quería a ese hijo concebido con engaños. Y, mucho menos, ese matrimonio hipócrita. Era una Omega de la raza loba, pero no un objeto que cualquiera pudiera manejar.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Después de renacer, dejé de ser Luna para ir a Harvard

Después de renacer, dejé de ser Luna para ir a Harvard

Después de renacer, pedí a una bruja que borrara el vínculo del alma entre León y yo. Usé un hechizo de transferencia para trasladar ese vínculo a su hermana adoptiva, Lisa. A partir de entonces, él solo creería que Lisa era su verdadera compañera destinada. Antes de que él pudiera actuar, cambié los nombres en las invitaciones de la ceremonia de apareamiento y entregué personalmente el lujoso vestido que había encargado hacía más de medio año a Lisa. Cuando León y Lisa partieron al sur para una inspección, usé el nombre de Alfa para ocupar el cupo de Luna de la manada y escribí una carta de recomendación que enviaría a Lisa a la Universidad Emory en el mundo humano. Mientras tanto, yo entraba a Harvard. En mi vida anterior, después de veinte años juntos, él llegó con nuestros hijos y nietos para arrodillarse ante mí, suplicando que eliminara la marca de apareamiento. Solo para poder ser enterrado con Lisa después de morir. En esta segunda vida, no volví a sacrificar mi futuro por nadie. Esta vez ingresé a una universidad de élite, me convertí en mi propio orgullo y jamás volví la vista atrás.
Cuento corto · Hombres Lobo
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El Día que Decidí no Ser tu Luna

El Día que Decidí no Ser tu Luna

El día en que estaba a punto de dar a luz, una manada de lobos errantes me rodeó. Me desgarraron el abdomen y despedazaron a mi hijo. Mi mate, el Alfa Marcos, enloqueció y me llevó de inmediato al centro de curación, donde les ordenó a los sanadores que me salvaran la vida. —Si le pasa algo a mi mate, lo pagarán con sus vidas. Sin embargo, mientras me trasladaban a la mesa de operación, escuché su conversación con su Beta: —Alfa, esos lobos disfrazados de errantes ya fueron liberados en secreto de la Prisión de Plata. Una vez que consigamos su carta de perdón, el Consejo de Alfa no seguirá investigando este asunto. Es solo que… tanto la Luna como la señorita Celeste llevan en el vientre a sus cachorros. ¿No cree que lo que le están haciendo a Sofía es algo cruel? La voz de Marcos se volvió fría mientras le lanzaba una mirada de advertencia. —¡Sofía no puede parir a este hijo! Mi heredero solo puede ser de Celeste. Le prometí que su hijo sería el futuro Alfa. Su Beta no se atrevió a contradecirlo, por lo que se limitó a reprimir su desagrado. —Pero… había otras formas. No era necesario que la señorita Celeste contratara a los errantes para que literalmente destrozaran al hijo de la Luna… El lobo de la Luna ha estado inactivo desde que quedó embarazada, dejándola sin habilidades de curación. Los sanadores dicen que tal vez ella no sobreviva. Marcos se quedó frío, con un dejo de impotencia. —No esperaba que fueran tan brutales. Mantente vigilante y asegúrate de que los sanadores la mantengan con vida. Si algo le ocurre, ellos conocen las consecuencias. Esto es todo lo que puedo hacer ahora. Más tarde, le daré todos los recursos de la manada como compensación. Las puertas del centro de curación se cerraron lentamente, y con ellas se cerró para siempre el amor que sentía por Marcos. Cuando desperté, solo quedaba el dolor punzante en mi bajo vientre, y un montón de sangre y carne destrozada… «Marcos, nuestro hijo se ha ido. Les deseo a ti y a Celeste
Cuento corto · Hombres Lobo
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Solo en mi tumba supiste amarme

Solo en mi tumba supiste amarme

Cuando me inyectaron el veneno de lobo, sentí cómo la vida se me escapaba. Quedé inmóvil en la cama, mientras el frío me envolvía como un sudario. A duras penas pude encontrar un antídoto, pero mi compañero alfa, en vez de ayudarme, corrió a dárselo a su primer amor. Con la voz rota, le supliqué que me dejara al menos un poco, solo un sorbo, con la finalidad de vivir tres días más. Estaba convencida de que podría encontrar otra cura. Pero él ni siquiera se dignó a pensarlo. Me lanzó una mirada llena de rabia y me gritó: —¡Julia se está muriendo y tú todavía aquí haciéndote la enferma! ¡Ya basta de tus celos, no te aguanto más! Por su orden, me encerraron en la habitación, sola, sin fuerzas, sin esperanza. Finalmente, el veneno acabó con mi vida. Mi cuerpo se apagó en silencio, solo y olvidado. Cuando el alfa recibió la noticia... perdió la razón. Como un loco, desenterró mi tumba con sus propias manos, llamándome a gritos en medio de la noche.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Después de mi muerte, mi marido empezó a amarme

Después de mi muerte, mi marido empezó a amarme

Sin ningún pudor, mi esposo llevó al velorio a su primer amor, a quien nunca dejó de recordar, después, ambos tuvieron relaciones en la que había sido nuestra cama. —Por fin, ya no tendré que ver a esa mujer —dijo ella, con satisfacción. —Araceli, ¿por qué no has vuelto? —preguntó él más tarde, aferrándose a mis cosas. Parecía haber olvidado que fue él quien, con sus propias manos, me condujo a la muerte aquella noche, cuando me extrajo toda la médula ósea para dársela a su primer amor, sellando así mi destino y el de la vida que llevaba en mi vientre.
Cuento corto · Romance
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Me arrepentí...

Me arrepentí...

Arrepentirse a veces no es suficiente, porque hay cosas que no tienen vuelta a atras. Quien no deseo tener un gemelo para poder intercambiar en muchas oportunidades y evitarnos tantas cosas, pero mentir y no involucrar los sentimientos, no es para todos, Ana no sabía eso, solo era por unas semanas, fingir ser su hermana y vivir con su cuñado no era demasiado complicado!!, es lo que penso ella, Pero..... No te pierdas esta historia llena de amor, traicion, mentira y arrepentimiento.
Romance
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La Traición de la Manada

La Traición de la Manada

Después de noventa y nueve veces que mi pareja Alfa bloqueó nuestro enlace mental, yo estaba por perder mi espíritu de lobo. Llegué como pude hasta el Salón del Consejo. Los helados escalones raspaban las plantas de mis pies y, con cada paso, un dolor desgarrador me partía el corazón. —Vengo a solicitar mi salida de la manada. El oficial del consejo observó con lástima mi figura pálida y delgada y preguntó en voz baja: —¿Está segura? Renunciaría a la protección de la manada. Desde niña, mi loba ha sido inestable, lo que me volvió frágil. Desde que mi padre trajo a casa a mi hermana adoptiva, Lydia, cuando yo tenía diez años, mis padres me han tratado como una deshonra para la familia. A pesar de ser su pareja marcada durante años, Caleb nunca me prometió una ceremonia de Luna. Rara vez me llevaba a las reuniones de la manada. Por eso, casi nadie en la manada sabía quién era yo. —Ya no importa —dije, mi voz tranquila a pesar del esfuerzo—. En tres días estaré muerta.
Cuento corto · Hombres Lobo
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