Mundo ficciónIniciar sesiónUna noche de máscaras lo cambió todo; el destino se encargará de cobrar el precio. Sumida en la miseria absoluta, Miranda Soler toma una decisión desesperada: acude a L’Éclipse, un club exclusivo donde hombres poderosos pagan fortunas por una noche bajo el anonimato de las máscaras. En la suite 404, Miranda se entrega al fuego y la pasión de un hombre dominante del que solo recuerda un detalle antes de huir con el dinero: un tatuaje en la espalda de una rosa atravesada por una espada. Semanas después, buscando una vida respetable, Miranda consigue el empleo de asistente de Alejandro Villarreal, el dueño de la corporación turística más importante del país. Alejandro es un hombre frío, estricto y atrapado en un matrimonio sin amor, atado solo por la compasión que le provoca su esposa enferma de cáncer. Al verse a la luz del día, la tensión es brutal. Él se obsesiona con los ojos azul eléctrico de Miranda, idénticos a los de la mujer del club que le quita el sueño, pero su formalidad lo convence de que es un error. El verdadero peligro estalla cuando Miranda, por azar, se convierte en la mejor amiga y confidente de la esposa de Alejandro. Sin saberlo, Miranda ha entrado al hogar del hombre que la hizo conocer el deseo absoluto. Atrapada entre la lealtad a una mujer moribunda, la innegable atracción por su implacable jefe y un secreto ardiente a punto de revelarse si descubre lo que Alejandro esconde bajo su impecable traje formal... ¿Podrá el deseo sobrevivir a la verdad?
Leer másLa celebración fue llegando poco a poco a su fin. Los invitados comenzaron a despedirse entre abrazos, buenos deseos y sonrisas sinceras.La pequeña Gala dormía plácidamente en los brazos de Miranda, ajena a toda la alegría que había reunido a su familia.Antes de marcharse, Candy y Luisa se acercaron una vez más a Alejandro y Miranda.—Gracias por hacernos parte de este momento tan especial —dijo Candy con la voz entrecortada.Miranda negó con una dulce sonrisa.—No. Somos nosotros quienes debemos agradecerles. Ustedes estuvieron cuando el dolor parecía no tener final. Cuidaron de Thiago como si fuera su propio hijo y jamás nos dejaron solos. Hoy son parte de nuestra familia para siempre.Luisa abrazó a Miranda con fuerza.—Los queremos muchísimo. Verlos así de felices nos llena el corazón.Thiago se acercó y abrazó a las dos mujeres.—Gracias por cuidar de mí cuando mi papá y mi mamá estaban tristes.Aquellas palabras hicieron que todos se emocionaran.Candy besó la frente del pequ
Los meses siguieron transcurriendo y, poco a poco, la vida volvió a regalarles aquello que durante tanto tiempo habían anhelado: tranquilidad. La pequeña Gala crecía rodeada del amor de toda la familia. Su sonrisa iluminaba cada rincón de la mansión Villarreal, mientras Thiago se convertía en el hermano mayor más cariñoso y protector. Cada mañana corría hasta la habitación de la bebé para darle los buenos días. —Despierta, hermanita. Hoy voy a enseñarte muchas cosas cuando seas grande. Todos reían al escuchar sus ocurrencias. Alejandro observaba la escena con una inmensa felicidad. Aún le costaba creer que, después de tantos momentos de dolor, pudiera despertar cada día viendo a su esposa sonreír y a sus hijos crecer sanos y felices. Una tarde, mientras el sol comenzaba a ocultarse, reunió a toda la familia en el jardín de la mansión. Había preparado una pequeña sorpresa. En el centro del jardín se encontraba un hermoso árbol. Miranda lo observó con curiosidad.
Habían pasado algunos meses desde que la paz regresó definitivamente a la familia Villarreal. El día más esperado por todos finalmente había llegado. Miranda entró en labor de parto durante la madrugada y Alejandro no se separó de ella ni un solo instante. Sostuvo su mano, secó sus lágrimas y le recordó una y otra vez cuánto la amaba. Después de varias horas de esfuerzo, el llanto de un bebé llenó la sala de partos. El médico sonrió. —¡Felicidades! Es una hermosa y sana niña. Alejandro sintió que las lágrimas corrían por su rostro. Nunca imaginó que la felicidad pudiera sentirse de aquella manera. Se acercó lentamente mientras el médico colocaba a la pequeña sobre el pecho de Miranda. Ella la abrazó con infinita ternura y besó su diminuta frente. —Bienvenida, mi amor... Te estuvimos esperando con todo nuestro corazón. Thiago observaba desde la puerta con una enorme sonrisa. —¡Es mi hermanita! Los médicos permitieron que entrara unos segundos. El pequeño acaric
Antes de que él pudiera responder, Laura colgó la llamada.Alejandro quedó inmóvil con el teléfono en la mano.Miró la pantalla durante varios segundos.Aquella conversación no le había revelado el lugar donde se escondía Laura.Pero sí le había confirmado algo importante.Ella estaba completamente sola.Estaba asustada.Y el peso de la culpa comenzaba a quebrarla poco a poco.Mientras tanto, al otro lado del océano, Laura dejó caer el teléfono sobre la mesa.Se cubrió el rostro con ambas manos y rompió en un llanto incontenible.Por primera vez comprendía que ya no estaba huyendo únicamente de la justicia.También estaba huyendo de sí misma. Después de terminar la llamada con Laura, Alejandro permaneció largo rato en silencio. Sus palabras seguían resonando en su mente.Por un lado, sentía rabia por todo el daño que ella había causado. Por otro, comprendía que aquella mujer ya no era la misma de antes; ahora vivía atormentada por sus propias decisiones.Aun así, sabía que no podía o
Último capítulo