El lunes por la mañana comenzó con un ritmo frenético en el piso de la presidencia. Miranda llegó quince minutos antes de su hora, vistiendo el traje sastre azul marino y con su carpeta de notas bajo el brazo. Laura, la secretaria ejecutiva principal, apenas tuvo tiempo de darle una bienvenida formal antes de saturarla con las directrices del puesto.
—El señor Villarreal es un hombre de hábitos estrictos, Miranda —le advirtió Laura mientras caminaban por el pasillo de mármol gris—. Odia que l