Marianne se durmió por la madrugada, al otro día despertó con el cuerpo adolorido, como si hubiera corrido toda la noche. La cabeza le dolía, se sentía llena de rabia y preguntas sin respuesta giraban en su cabeza.
Se sentó en la cama, la habitación era grande, pero se sentía como una jaula. Se levantó y fue directo a la ventana, no había barrotes, trató de deslizarla, no pudo, estaba sellada.
La puerta se abrió, era Claire, el ama de llaves, entró en silencio, dejó una bandeja con desayuno en