Adrien llevaba dos días sin dormir más de un par de horas seguidas, eso no era raro en él, dormir le parecía una pérdida de tiempo cuando había enemigos tocando su puerta y traidores jugando en sus mesas. Pero esa noche algo lo tenía más despierto de lo habitual.
Marianne.
Esa maldita mujer que se había atravesado en su vida y que no era lo que esperaba, ni lo que necesitaba.
La mayoría, después de una noche en el club y una amenaza bien colocada, bajaban la cabeza, algunas lloraban. Otras se h