Marianne no podía aceptar que la hubieran vendido dos veces en tan poco tiempo. ¡Vendida como si fuera un mueble viejo! Su cabeza hervía de rabia, pero no había tiempo para pensar.
Sin dudarlo, se soltó de un tirón del agarre de Vincent, le clavó el codo en el estómago y echó a correr hacia un callejón lateral.
—¡Atrápenla! —gritó Vincent, sabía que Adrien no le perdonaría perder a la chica.
Dos tipos de traje negro, que esperaban en el auto, reaccionaron al instante. Marianne cruzó el callejón