Marianne permaneció tumbada en la cama, su cuerpo aún temblaba, su mirada permanecía clavada sobre la puerta por donde el Lobo se había marchado, sentía que su piel ardía, pero su mente era un torbellino de miedo, deseo y odio.
El silencio de la habitación se rompió al escuchar un fuerte golpe en la puerta principal de la mansión. Escuchó voces apresuradas, pasos corriendo por el pasillo, algo pasaba afuera, se levantó lentamente, sentía su cuerpo adolorido, se acercó a la ventana. Varios autos