Después de que Celine salió de su oficina, Adrien se levantó y se acercó a la ventana, desde ahí pudo observar a Marianne, ella caminaba despacio, llevando un libro entre sus manos, había dado la orden al ama de llaves de que le permitiera salir por un momento al jardín, para que se distrajera del encierro.
Adrien sabía que Marianne no estaba leyendo, sus hombros estaban rígidos, sus dedos apretaban las páginas con demasiada fuerza. Fingía calma, pero él podía oler su miedo, su rabia, desde don