Marianne llevaba horas sentada junto a la ventana observando el jardín, afuera, los guardias vigilaban la propiedad, no había manera de escapar, y ella lo sabía. Pero lo que realmente la torturaba no eran las rejas ni los guardias, sino el torbellino de emociones que la consumía desde dentro.
Odiaba al Lobo Negro con cada fibra de su ser, pero su cuerpo la traicionaba, añorándolo de una manera que la llenaba de rabia y vergüenza. Cada vez que cerraba los ojos, sentía sus manos sobre ella, su v