Capítulo 67. El juramento del cazador
Dante
Trece días. La cuenta baja como un latido al que no le regalo silencio. Dos noches después del atelier, después de la perla que no era perla, cierro la ciudad afuera y abro una puerta adentro.
El templo está vacío. Nártex oscuro, la nave con velas. No hay vitrales encendidos: solo llamas pequeñas que no delatan, que guardan. Huele a cera y a madera vieja, a piedra que ha oído más promesas que disparos. Enzo y Raffaele revisan, asienten y se disuelven en piedra. Hoy no quiero pólvora. Quie