Capítulo 111. Nieve roja
Dante
La oscuridad cae sobre Villa Aurelia como una bestia que cierra los ojos. El apagón no es un accidente: es la señal. El generador tose, la luz parpadea y después muere del todo, dejando el pasillo sumido en una penumbra azulada que sabe a oportunidad.
Empujo la sección débil del muro, la que he estado aflojando durante días. La madera cede con un crujido que se pierde entre los truenos de la tormenta. Al otro lado, escucho dos golpes suaves, precisos. Es nuestro lenguaje. Estoy aquí.
—Agua