Mundo ficciónIniciar sesiónEl padre de Alessia Bellini le debía la vida al hombre más temido de Italia. Para saldar la deuda, tuvo que entregar lo más valioso que tenía: a su hija. Ahora Alessia es la esposa del capo Alessandro Moretti, un hombre de mirada fría, voz grave y deseo peligroso. No la obliga… pero la provoca. No la toca… pero la enciende con cada palabra. Ella juró odiarlo, pero su cuerpo lo traiciona cada noche. Él prometió no romper su inocencia, pero la quiere rendida, temblando, suya. Porque en el imperio del rey de la mafia, el amor no se pide… se toma.
Leer másRápidamente se dirigieron al jardín, donde se llevaría a cabo la recepción.Los aplausos no tardaron en llenar el ambiente, algunos invitados se acercaban a felicitarlos, otros levantaban sus copas desde la distancia, observando con atención a la nueva señora Moretti.Alessia sonreía, una sonrisa perfecta, vacía.Sofía y Bianca se acercaron de inmediato.—¡Amiga! —dijo Bianca, abrazándola con fuerza—. Te deseo toda la felicidad del mundo.Alessia le devolvió el abrazo.—Gracias…Sofía levantó la mano suavemente.—Acércate un poco hija.Alessia se inclinó hacia ella.—Espero que seas muy feliz mi niña… —susurró su madre—. Y que pronto me des nietos.Alessia la abrazó con fuerza.No respondió, el silencio era mejor, antes que quitarle las ilusiones a su madre, en ese momento, Vittorio se acercó. Alessandro giró de inmediato y le estrechó la mano con firmeza.Alessia abrazó a su padre… pero al acercarse a su oído murmuró:—Es solo para aparentar.Luego lo soltó sin mirarlo, caminó direct
Alessia ya estaba completamente peinada y maquillada, su cabello caía en suaves ondas sobre sus hombros, recogido parcialmente con delicadas horquillas de perlas. El maquillaje era elegante y natural: piel luminosa, labios rosados y una sombra suave que resaltaba el brillo profundo de sus ojos. Bianca la observaba con las manos juntas frente al pecho, conteniendo un grito de emoción. —¡Ahora sí! —dijo finalmente—. ¡Es hora de ver el vestido! Alessia miró la enorme caja blanca que reposaba sobre la cama. Durante unos segundos dudó. Aquella caja contenía mucho más que un vestido. Contenía su destino. Se acercó lentamente y levantó la tapa con cuidado. Dentro estaba el vestido. Alessia lo sacó con delicadeza. Era un vestido de novia largo, confeccionado en satén marfil y encaje italiano, el corsé era ajustado, bordado con diminutas flores de hilo plateado que brillaban suavemente con la luz. El escote era elegante, en forma de corazón, cubierto por una fina capa de tul bordado que
Los días transcurrieron con una calma engañosa.Ni llamadas, ni visitas.Alessia no volvió a ver a Alessandro, y por primera vez en mucho tiempo, el silencio parecía su mejor refugio.Bianca había organizado la despedida de soltera en su apartamento. Cuando Alessia llegó, ya habían varias compañeras reunidas. La mesa estaba llena de copas, dulces, serpentinas y regalos envueltos en papel brillante.—¡La novia ha llegado! —gritó Bianca, colocándole un velo blanco y una copa de champán en la mano—. Hoy está permitido alocarse.—Solo me quedaré un rato —respondió Alessia, intentando sonreír—. Mañana es la boda y no quiero tener ojeras.Las risas inundaron la sala. La música comenzó a sonar, y pronto las chicas la arrastraron al centro. Alessia trató de resistirse, pero terminó bailando entre ellas, moviéndose apenas, más por compromiso que por entusiasmo.Valeria, desde un rincón, observaba todo con discreción.Bianca se acercó con otra copa.—Vamos, una y ya—insistió.Valeria respondió
La noche había caído sobre la ciudad cuando Alessia detuvo su auto frente al portón de la mansión Moretti.No necesitó anunciarse, los guardias la reconocieron al instante, y las enormes puertas de hierro se abrieron sin previo aviso.Condujo por el largo camino bordeado de faroles, hasta estacionar frente a la entrada principal. Respiró hondo antes de bajar. Su corazón latía rápido, pero intentó mantener la calma.Tocó el timbre.Una mujer joven, vestida con uniforme negro, le abrió enseguida.—Buenas noches, señorita Bellini. El señor Moretti la espera en su despacho.Alessia asintió y entró. El sonido de sus tacones resonaba sobre el mármol. Caminó por el pasillo principal, hasta llegar a la puerta del despacho, que estaba entreabierta.Alessandro estaba sentado tras el escritorio, con el ceño levemente fruncido.Su mirada imponía respeto, y aunque Alessia sintió un estremecimiento, no quiso demostrarlo.—Buenas noches —dijo, firme.Alessandro no respondió con palabras; solo levant
Último capítulo