Capítulo 108. Prueba de vida
Alessia
El salón está helado hasta en el alma. Las ventanas, cubiertas con planchas, dejan entrar un rectángulo pálido de luz que no calienta nada; el aire huele a metal viejo y a desinfectante. Frente a mí, una cámara con la luz roja encendida me observa como un ojo burocrático.
El camarógrafo me mira con la torpeza de quien hace trabajo sin rostro: solo sus manos señalan encuadres, su respiración se vuelve un metrónomo. El Hombre del Abrigo está a un lado, ordenando con calma la edición del