Mundo ficciónIniciar sesiónEn el mundo sombrío de manadas rivales, la traición es la moneda de cambio… y la confianza, la apuesta más mortal. Seraphine Argent fue alguna vez la hija más preciada de la Manada Mooncliff, nacida para liderar bajo la plateada mirada de la luna. Pero la caída de su clan lo destruyó todo. Despojada de su loba, expulsada de su tribu y despojada de su herencia por aquellos en quienes confiaba, sólo le queda la venganza ardiendo en su corazón. Hasta que una noche cruel lo cambia todo. Drogada y atrapada, Seraphine despierta en la cama de Alaric Montenegro—el despiadado heredero de la Manada Bloodshadow, temido por su naturaleza violenta y su poder intocable. Un embarazo accidental debería haber sido su perdición. En cambio, se convierte en su único escudo. Por el bien de su hijo no nacido y la verdad tras el asesinato de sus padres, forja un pacto improbable con el único hombre que podría destruirla… o salvarla. Alaric Montenegro ha vivido una vida empapada de sangre y traición. Rechazado por su propia familia, forjado en el inframundo, no confía en nadie—ni siquiera en su pareja destinada. La repentina presencia de Seraphine en su vida es un enigma que se niega a aceptar… hasta que las mentiras que los rodean comienzan a desmoronarse. Pero en un mundo gobernado por dos alianzas, donde los alfas se coronan por poder y linaje, el amor es una debilidad peligrosa. Cada elección que tomen Seraphine y Alaric inclinará la balanza entre la supervivencia y la ruina. Cuando los secretos están atados por la sangre, la verdad puede liberarte… o reducir tu mundo a cenizas.
Leer másAlaric la miró con calidez.—Lejano, sí. Pero no imposible. Tú misma lo has probado, Seraphine. No solo eres su Reina... eres la razón por la que aún creen que ese mundo puede existir.Seraphine sintió un nudo en la garganta. Apartó la vista rápidamente hacia el bosque.—Eres demasiado bueno con las palabras.Alaric rió suavemente.—O quizás solo estoy diciendo la verdad.Guardaron silencio de nuevo, uno cómodo y profundo. El sonido del fuego, el murmullo del viento y las respiraciones constantes de los soldados llenaban la noche.Después de un rato, Seraphine giró hacia él, su voz apenas audible.—Alaric... ¿alguna vez has tenido miedo de perderte a ti mismo en esta guerra? No me refiero a tu vida... sino a ti. A quién eres.Alaric miró las llamas por un l
Seraphine lo observó otra vez, con una mirada más suave.—¿Y quién se mantiene en pie por ti, Alaric?La pregunta lo hizo quedarse en silencio. El viento matinal sopló, trayendo consigo el olor a humo del pueblo que acababan de dejar atrás. Finalmente, respondió en voz baja:—Tal vez ahora… tú.Las palabras hicieron que el pecho de Seraphine se sintiera cálido y pesado a la vez. Había una gran responsabilidad detrás de ellas, pero también una confianza que nunca pensó tener.Caminaron hasta llegar a un pequeño río al borde del bosque. Las tropas se detuvieron para llenar sus cantimploras. Seraphine se arrodilló, lavándose el rostro con el agua fría. Miró su reflejo: ojos cansados, pero más decididos que antes.Alaric se sentó a su lado, en silencio por un momento ant
—Alaric —susurró—, tal vez eso sea lo que significa un hogar. No un lugar, sino las personas que nos dan valor para seguir viviendo.Alaric la miró con firmeza.—Entonces ya tienes un hogar, Seraphine. Y yo soy parte de él.Seraphine guardó silencio, su corazón temblando. No respondió, solo dejó que esas palabras fluyeran, plantando una semilla de esperanza que nunca antes había permitido crecer.Los soldados empezaron a prepararse para continuar su marcha. El bosque parecía más luminoso, aunque la sombra de Kaelith aún colgaba en la distancia. Pero esta vez, Seraphine caminaba con pasos más ligeros.—¿Estás lista? —preguntó Alaric suavemente al verla de pie, con el arco colgado a la espalda.Seraphine suspiró y sonrió apenas.—No sé si realmente lo estoy&he
Finalmente, Seraphine habló otra vez.—Alaric… gracias. Por todo. Por no rendirte conmigo.Alaric se volvió hacia ella, sus ojos llenos de sinceridad.—No podría rendirme con la única razón que me mantiene en pie.Las palabras la dejaron muda, y su corazón comenzó a latir con fuerza. Sabía perfectamente lo que él quería decir, aunque no lo dijera en voz alta. Y, curiosamente, no le daba miedo escucharlo.El sol se alzaba en el cielo, y aunque su mundo seguía lleno de peligro, en ese lugar, en ese momento, Seraphine sintió algo que nunca antes había sentido: una paz nacida no de la ausencia de guerra, sino de la presencia de alguien a su lado.—Seraphine —la voz de Alaric fue suave, pero lo bastante firme para hacerla girar la cabeza—. Lo sabes, ¿verdad? No tienes que cargar con todo esto sola.
Último capítulo