La lluvia caía desde la mañana, fina, casi como una niebla que se pegaba a las ventanas del castillo. Seraphine estaba de pie en el umbral del balcón de su habitación, mirando el patio interior empapado. El sonido del agua que goteaba desde el techo se escuchaba como un susurro que llenaba el silencio. El aire traía el aroma de tierra y madera húmeda.
Abajo, algunos soldados entrenaban a pesar del clima adverso. Sus pasos eran pesados, las espadas chocaban, y el aliento se escapaba en un vapor