Mundo ficciónIniciar sesiónLuego de la traición de su prometido y hermanastra, Marisol decide desenmascararlos en su propia boda. Pero, lo que no espera es ser repudiada por su familia y obligada al exilio. Cinco años después y con una pequeña hija, se encuentra en una encrucijada. Ante la idea de perder a su única hija, decide aceptar la ayuda de Valentino Black, un poderoso hombre que le pide a cambio casarse con él para salvar su reputación ante su familia. Marisol es capaz de todo por su hija. Lo que ella no espera es que ese mismo CEO sea el hombre que cambió su vida hace cinco años. ¿Será capaz Valentino de recordar a Marisol y amarla de nuevo?
Leer másMarisol entró al departamento, le temblaban ligeramente las yemas de los dedos, pero mantenía la espalda recta.
Conocía el número de la cerradura electrónica de memoria, porque ese lugar se suponía que iba a ser su hogar. Ahí viviría con Gael después de la boda, ahí construirían una vida juntos.
Mañana era el día de su boda, debía ser el día más feliz de su vida… o al menos eso había creído durante meses.
Pero algo dentro de ella estaba roto desde hacía días.
El rastro de un perfume ajeno en el cuello de Gael y sus excusas constantes para salir de noche le habían dejado un sabor amargo que no podía ignorar.
Tenía un presentimiento. No, era más que eso: era una certeza que necesitaba una prueba física.
Se detuvo frente a la puerta del dormitorio. No quería ver, pero necesitaba saber.
Respiró hondo y giró lentamente la perilla.
La puerta cedió sin resistencia.
Adentro, todo estaba exactamente como lo recordaba: ordenado, elegante, pulcro… excepto por un sonido que no pertenecía a ese lugar.
Un sonido, íntimo. Gemidos. Respiraciones agitadas. Susurros que se clavaron en su pecho como agujas heladas.
Marisol sintió cómo el piso se movía bajo sus pies. Su corazón latió con fuerza.
Su garganta se cerró y, aun así, no pudo gritar, Ni pudo huir.
La soledad emocional de las últimas semanas cobró sentido: Gael ya no la miraba igual, ya no la llamaba igual.
Creyó que eran nervios preboda.
Pero resultó que no: su prometido la había traicionado.
Sacó su teléfono con manos temblorosas y activó la cámara mientras caminaba hacia la habitación con la misma lentitud.
Empujó la puerta apenas un poco.
Ahí estaban.
Gael encima de una mujer, moviéndose con desesperación.
La habitación estaba llena del olor del sexo, del sonido de piel contra piel, de jadeos que parecían burlarse de ella.
Marisol levantó el teléfono y grabó. Su respiración se volvió un hilo frágil. Su visión se nubló por segundos, pero continuó.
La mujer debajo de Gael giró la cara. En ese momento, el espejo que estaba al lado de la cama mostró su rostro con total claridad. Hizo zoom y se quedó sin aliento.
Jenny.
No una desconocida. No una aventura pasajera. Ni un error.
¡Su hermanastra!
La misma que había ocupado los espacios de su vida durante años, arrancándole poco a poco todo lo que ella amaba.
La hija de la mujer que había destruido el matrimonio de sus padres. La mimada y caprichosa que siempre había sabido cómo manipular a todos.
Y ahora, Jenny tenía a Gael, su futuro cuñado.
Y la traicionaban un día antes de su boda.
Marisol sintió un asco tan profundo que le dieron ganas de vomitar. El teléfono le tembló en las manos y la imagen se sacudió por un segundo, pero ella apretó el agarre.
Tenía que grabar. Necesitaba que todos vieran la basura que eran.
Los gemidos se intensificaron. Jenny arqueó la espalda, soltó un grito ahogado.
Terminó.
—No te cases, Gael —susurró ella entre jadeos—. Yo te amo. Sabes que te amo. Quédate conmigo.
Gael se apartó un poco, respirando agitado. Se pasó las manos por el cabello, molesto.
—¡Maldita sea, Jenny! Ya hablamos de esto. Lo nuestro es solo placer, solo sexo. Yo amo a Marisol. Ella será mi esposa. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo?
Las palabras le dolieron más que la escena misma.
Le decía amor a ella, pero se perdía en el cuerpo de otra.
¿Solo sexo?
¡Qué ridículo!
Marisol por fin lo entendió, Gael era solo un traidor y un cobarde.
Sintió que el corazón se le desgarraba, pero las lágrimas ya corrían por sus mejillas y caían al suelo.
Marisol se volvió, alzó la barbilla y se secó las lágrimas con el dorso de la mano, de abajo hacia arriba. Solo la terquedad permanecía en sus ojos.
No iba a darles el gusto de verla destrozada. No iba a enfrentarlos ahí mismo. No iba a suplicar explicaciones ni permitir que ellos la manipularan.
“No voy a llorar ante ustedes” pensó para sí misma.
“No voy a darles ese poder. Me las van a pagar”
Se giró con una calma helada y salió de la habitación.
Unos segundos después, desde el umbral, explotó un chasquido fuerte y agudo.
Cuando Eliseo despertó, lo primero que hizo fue extender la mano hacia el otro lado de la cama.Vacío.Abrió los ojos lentamente.La luz del amanecer entraba por las cortinas del viejo departamento, iluminando apenas la habitación silenciosa.Frunció el ceño de inmediato.—¿Alessia?Se incorporó rápidamente.Por un instante, una sensación desagradable le atravesó el pecho. Pensó que ella había huido. O peor aún, que alguien la había encontrado.Se levantó de la cama y salió de la alcoba.Entonces percibió un aroma cálido.Comida.Eliseo avanzó hacia la pequeña cocina del departamento y se quedó inmóvil al verla ahí.Alessia estaba cocinando.Llevaba una de sus camisas blancas, demasiado grande para ella, con las mangas remangadas torpemente. Su cabello caía desordenado sobre sus hombros y su rostro seguía algo pálido, pero aun así intentaba actuar como si todo estuviera bien.Como si ayer no hubiera estado aterrorizada.Como si no hubiera llorado hasta quedarse sin fuerzas.Ella coloc
—¡¿Qué dices, Alessia?!La voz de Eliseo sonó dura, casi desesperada.Pero Alessia ya no pudo responder.El miedo, el agotamiento, el dolor acumulado durante tantos días… todo terminó derrumbándose sobre ella de golpe.El mundo comenzó a girar.Las luces de la calle se volvieron borrosas frente a sus ojos llenos de lágrimas.Sintió que las piernas le fallaban.Y antes de que pudiera decir una sola palabra más, su cuerpo se desplomó.—¡Alessia!Eliseo reaccionó de inmediato.La atrapó antes de que golpeara el suelo.Su respiración se agitó al sentirla completamente débil entre sus brazos.—Maldición…La observó con tensión. Tenía el rostro pálido.Los labios ligeramente temblorosos.Y aquella marca en su mejilla le provocó una furia instantánea.La habían golpeado. Apretó la mandíbula con violencia.Durante un instante, Eliseo sintió deseos de destruir a todos los que le habían puesto una mano encima.Incluso a sí mismo. Porque él también la había lastimado.Mucho más de lo que quería
Sentir sus labios sobre los de ella hizo que el corazón de Eliseo golpeara con fuerza dentro de su pecho, de una manera descontrolada y brutal.Fue apenas un instante. Un segundo prohibido que lo dejó inmóvil.El beso no había sido parte del plan.Pero Alessia olía a miedo, a lágrimas, a esa desesperación que lo estaba volviendo loco desde hacía semanas. Y cuando ella tembló entre sus brazos, cuando sus labios rozaron los suyos… algo dentro de él se quebró.La observó fijamente.Incluso con la venda cubriéndole los ojos, Alessia parecía frágil. Demasiado frágil para estar atrapada en aquel mundo oscuro.Eliseo tragó saliva.—¿Qué demonios estoy haciendo…? —pensó para sí mismo.Aquello estaba mal. Todo estaba mal.Se suponía que debía odiarla. Se suponía que Alessia era la mujer responsable de la muerte de su prometida.La mujer que había destruido su vida.Pero cada vez que la veía llorar, cada vez que la escuchaba defender su inocencia con aquella voz rota… una parte de él dudaba.Y
Alessia sintió cómo el automóvil finalmente se detenía.El silencio posterior fue aún más aterrador que el trayecto. No hubo palabras, ni explicaciones. Solo el sonido seco de las puertas abriéndose y manos fuertes que la sujetaron sin delicadeza.La sacaron del vehículo con brusquedad.El aire frío golpeó su rostro, pero ella no podía ver nada. Seguía con los ojos vendados, atrapada en una oscuridad absoluta que la hacía sentir aún más vulnerable.Sus pies apenas tocaban el suelo mientras la arrastraban hacia algún lugar desconocido.No tenía referencias, no sabía si estaban en un edificio, en una casa o en un almacén abandonado. Solo podía guiarse por sonidos distorsionados y el eco de sus propios latidos.La empujaron al interior.El espacio era cerrado. Olía a madera vieja y humedad. El tipo de lugar donde el silencio pesa más que las paredes.Entonces la soltaron. Alessia cayó al suelo con un golpe seco que le recorrió el cuerpo entero. El dolor en las rodillas la hizo soltar un





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