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Una boda inesperada con el CEO
Una boda inesperada con el CEO
Por: J.D Anderson
Capítulo: Preparar la venganza

Marisol entró al departamento, le temblaban ligeramente las yemas de los dedos, pero mantenía la espalda recta.

Conocía el número de la cerradura electrónica de memoria, porque ese lugar se suponía que iba a ser su hogar. Ahí viviría con Gael después de la boda, ahí construirían una vida juntos.

 Mañana era el día de su boda, debía ser el día más feliz de su vida… o al menos eso había creído durante meses.

Pero algo dentro de ella estaba roto desde hacía días.

El rastro de un perfume ajeno en el cuello de Gael y sus excusas constantes para salir de noche le habían dejado un sabor amargo que no podía ignorar.

Tenía un presentimiento. No, era más que eso: era una certeza que necesitaba una prueba física.

Se detuvo frente a la puerta del dormitorio. No quería ver, pero necesitaba saber.

Respiró hondo y giró lentamente la perilla.

La puerta cedió sin resistencia.

Adentro, todo estaba exactamente como lo recordaba: ordenado, elegante, pulcro… excepto por un sonido que no pertenecía a ese lugar.

Un sonido, íntimo. Gemidos. Respiraciones agitadas. Susurros que se clavaron en su pecho como agujas heladas.

Marisol sintió cómo el piso se movía bajo sus pies. Su corazón latió con fuerza.

Su garganta se cerró y, aun así, no pudo gritar, Ni pudo huir. 

La soledad emocional de las últimas semanas cobró sentido: Gael ya no la miraba igual, ya no la llamaba igual.

Creyó que eran nervios preboda.

Pero resultó que no: su prometido la había traicionado.

Sacó su teléfono con manos temblorosas y activó la cámara mientras caminaba hacia la habitación con la misma lentitud.

Empujó la puerta apenas un poco.

Ahí estaban.

Gael encima de una mujer, moviéndose con desesperación.

La habitación estaba llena del olor del sexo, del sonido de piel contra piel, de jadeos que parecían burlarse de ella.

Marisol levantó el teléfono y grabó. Su respiración se volvió un hilo frágil. Su visión se nubló por segundos, pero continuó.

La mujer debajo de Gael giró la cara. En ese momento, el espejo que estaba al lado de la cama mostró su rostro con total claridad. Hizo zoom y se quedó sin aliento.

Jenny.

No una desconocida. No una aventura pasajera. Ni un error.

¡Su hermanastra!

La misma que había ocupado los espacios de su vida durante años, arrancándole poco a poco todo lo que ella amaba.

La hija de la mujer que había destruido el matrimonio de sus padres. La mimada y caprichosa que siempre había sabido cómo manipular a todos.

Y ahora, Jenny tenía a Gael, su futuro cuñado.

 Y la traicionaban un día antes de su boda.

Marisol sintió un asco tan profundo que le dieron ganas de vomitar. El teléfono le tembló en las manos y la imagen se sacudió por un segundo, pero ella apretó el agarre.

Tenía que grabar. Necesitaba que todos vieran la basura que eran.

Los gemidos se intensificaron. Jenny arqueó la espalda, soltó un grito ahogado. 

Terminó. 

—No te cases, Gael —susurró ella entre jadeos—. Yo te amo. Sabes que te amo. Quédate conmigo.

Gael se apartó un poco, respirando agitado. Se pasó las manos por el cabello, molesto.

—¡Maldita sea, Jenny! Ya hablamos de esto. Lo nuestro es solo placer, solo sexo. Yo amo a Marisol. Ella será mi esposa. ¿Cuántas veces tengo que repetirlo?

Las palabras le dolieron más que la escena misma. 

Le decía amor a ella, pero se perdía en el cuerpo de otra.

¿Solo sexo?

¡Qué ridículo!

Marisol por fin lo entendió, Gael era solo un traidor y un cobarde.

Sintió que el corazón se le desgarraba, pero las lágrimas ya corrían por sus mejillas y caían al suelo.

Marisol se volvió, alzó la barbilla y se secó las lágrimas con el dorso de la mano, de abajo hacia arriba. Solo la terquedad permanecía en sus ojos.

No iba a darles el gusto de verla destrozada. No iba a enfrentarlos ahí mismo. No iba a suplicar explicaciones ni permitir que ellos la manipularan.

“No voy a llorar ante ustedes” pensó para sí misma.

“No voy a darles ese poder. Me las van a pagar”

Se giró con una calma helada y salió de la habitación.

Unos segundos después, desde el umbral, explotó un chasquido fuerte y agudo.

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