Capítulo: No me humillarán.
Marisol cruzó el umbral de su casa con la mente aún sumergida en una niebla de confusión.
Entre sus piernas, una punzada ardiente de desgarro la asaltaba a cada paso, y el aroma a colonia masculina que aún impregnaba su cabello le recordaba que aquello no había sido un sueño.
El salón estaba sumido en un silencio sepulcral. Justo cuando intentaba escabullirse hacia su habitación, la voz cargada de odio de su padre la clavó en el sitio.
—¡Marisol, eres una puta!
Antes de que pudiera procesarlo,