Sacó su celular rápido, ocultando la pantalla con la mano, y escribió un mensaje:“El plan está en marcha. Marisol terminará en la cama de un gigoló y todos se enterarán. Solo recuerda enviarme el dinero acordado o sabes las consecuencias..”Unos segundos después, su teléfono vibró.Transferencia recibida.Lara sonrió, complacida. Su lealtad tenía precio, después de todo.Y mientras guardaba el celular, volvió a mirar hacia la sala privada.Allí estaba Marisol, riendo, despreocupada, levantando la copa que acababa de tomar de la bandeja. La copa que Lara había preparado.—Salud, amiga —susurró con una sonrisa venenosa—. Hoy tu libertad te va a costar caro.Marisol llevaba casi una hora bailando sin parar. La música vibraba en el suelo, subía por sus piernas y le recorría el cuerpo.El gigoló que habían contratado para animar la fiesta la tomaba por la cintura, guiándola en movimientos. Al principio, Marisol le devolvió la sonrisa, pero de pronto, una sacudida eléctrica le recorrió l
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