Marisol sostuvo la mirada de su padre durante unos segundos que parecieron eternos. Había tantas cosas suspendidas entre ellos… años de distancia, palabras que nunca se dijeron, heridas que nunca cerraron. Pero en ese instante, todo se reducía a una sola verdad.
Asintió lentamente.
—Soy tu hija.
Extendió el documento con manos firmes, aunque por dentro su corazón latía con fuerza. El resultado era claro, innegable. No había espacio para dudas. No había excusas.
Era su hija.
Elías lo tomó con ma