Marisol se detuvo y se dio la vuelta lentamente.
Miró fijamente a la mujer que conocía desde hacía veinte años.
—¿Por qué? —preguntó Marisol. Su voz era apenas un susurro.
Lara se detuvo a un metro. Al ver que ya no había testigos, su dulce sonrisa se transformó gradualmente en una mueca.
—Porque TÚ. Marisol. Siempre serás tú —Lala se burló—. Porque estoy harta. Harta de ser "la sombra de la perfecta Marisol".
—Éramos hermanas... —alzó la voz Marissore, con un tono ronco.
—¡No! Tú eras la re