Mundo ficciónIniciar sesiónSinopsis Eliana, perdida en un trágico accidente, el amor de su vida, Alejandro, también el hijo que venía en camino decidió donar el corazón de su marido en el hospital, sin saber quién sería el afortunado paciente. Tiempo después, no logra recuperarse de su depresión y decide acabar con su vida, pero afortunadamente, su marido sigue cuidándola y se enfrenta a Joseph Sullivan, un CEO arrogante que le dará la vuelta al mundo. ¿Qué ocurrirá cuando Eliana descubra que él es quien sostiene el corazón de su difunto marido? ¿De verdad se enamorará de Joseph? ¿O es el corazón de su marido el que quiere recuperarla en el cuerpo de otro hombre?
Leer másLa noche era perfecta, como sacada de un sueño. La luna derramaba su luz plateada sobre la ciudad, testigo silencioso de una cena llena de risas, miradas cómplices y planes de futuro. Alejandro acababa de conseguir un nuevo empleo, y Eliana, con su vientre ya redondo, brillaba con esa luz especial que solo tiene una mujer que lleva vida dentro de sí.
—¡Me lo he pasado genial, mi amor! —exclamó Eliana, colgándose de su cuello y cubriéndole el rostro de besos dulces y apasionados.
Alejandro la estrechó por la cintura, atrayéndola contra su pecho con esa fuerza protectora que siempre la hacía sentir segura.
—Seis años a tu lado, mi vida… y sigues siendo lo mejor que me ha pasado. Eres casi perfecta, mi dulce Eliana. Te quiero tanto… —susurró antes de besarla con todo el amor que sentía.
Ella sonrió, apoyando la frente contra la de él.
—Vamos a salir de todo esto, te lo juro. Seremos felices, los tres. Nuestro hijo nos va a dar la fuerza que necesitamos.
Alejandro se inclinó con reverencia y besó su vientre abultado, acariciándolo con ternura infinita.
—Esta hermosa muñeca y tú sois mi mayor inspiración. Por ustedes haría lo imposible. Vamos, amor, es tarde. Mañana es mi primer día y necesito descansar.
Subieron al coche sin presentir nada. La carretera hacia las afueras estaba mojada por la lluvia reciente y la oscuridad se cerraba a su alrededor como un manto pesado. Alejandro conducía con cuidado, pero la impaciencia por llegar a casa lo hizo acelerar un poco más. Eliana se había dormido en el asiento del copiloto, una mano protectora sobre su vientre.
De pronto, todo cambió.
Cuando Alejandro pisó el freno, este no respondió. Lo presionó una y otra vez, desesperado, mientras el pánico le subía por la garganta.
—¡Eliana! ¡Eliana, despierta!
Ella apenas alcanzó a abrir los ojos, confundida. Los faros de un camión enorme los cegaron. El impacto fue brutal.
El mundo se volvió metal retorcido, vidrio estallando y oscuridad.
Eliana despertó del golpe con un dolor desgarrador. Su vientre estaba apretado contra el tablero destrozado. Giró la cabeza lentamente y lo vio: Alejandro, inmóvil, con el rostro cubierto de sangre y los ojos cerrados. La luz lejana de una farola apenas iluminaba su figura inerte.
—No… no, por favor… —susurró con la voz rota.
El dolor la atravesó como una ola negra. Las risas de hacía solo minutos se habían convertido en un silencio aterrador. Temblando, buscó su mano fría y la apretó con desesperación, como si pudiera anclarlo a este mundo. Las lágrimas caían sin control por sus mejillas mientras las sirenas de la ambulancia se acercaban, parpadeando como una esperanza frágil y desesperada.
En el Hospital Mercy de San Diego, California, otra vida pendía de un hilo.
—Señor Sullivan, por favor, mantenga la calma. No puede alterarse así mientras preparamos el trasplante —insistía la enfermera con paciencia agotada.
Joseph Sullivan, de veintiocho años, CEO de Sullivan Pharmaceuticals, fulminó a la mujer con la mirada desde su cama.
—Llame a mi madre. Necesito volver al trabajo. No puedo seguir perdiendo el tiempo en esta maldita camilla.
Eloise, una enfermera de cincuenta años con temple de acero cruzó los brazos.
—Llevo cuatro años soportando su mal genio, señor. Y le repito: o se calma o llamo al médico para sedarlo. Aquí mando yo, aunque sea el dueño de medio mundo.
Joseph soltó una risa amarga.
—Eres una descarada, Eloise.
—Y usted un niño rico y caprichoso que cree que el dinero puede comprarlo todo, hasta un corazón nuevo. Pero la vida no funciona así.
Él desvió la mirada hacia la ventana oscura. Hacía cinco años le diagnosticaron una grave enfermedad cardíaca congénita. A pesar de su fortuna y poder, su vida se había reducido a una habitación de hospital y un veinte por ciento de probabilidades de sobrevivir. Sus amigos desaparecieron. Su prometida lo abandonó. Solo su madre permanecía a su lado.
—Llevamos más de un año esperando, Eloise… ¿Por qué crees que esta vez será diferente? —preguntó con voz cansada.
La enfermera se acercó y, contra todo pronóstico, tomó su mano con suavidad.
—Porque el destino, a veces, es más misericordioso de lo que parece. No pierdas la fe, Joseph. Llegará ese corazón, te recuperarás, formarás una familia y dejarás un legado que valga la pena. Estoy aquí, aunque me odies.
—No te odio —murmuró él, soltando su mano—. Simplemente… estoy cansado de esperar.
En ese mismo instante, en urgencias del hospital, entraban dos camillas.
Eliana fue atendida de inmediato, protegiendo su embarazo con urgencia. Alejandro, de solo veintiséis años, fuerte, sano y lleno de vida hasta unas horas antes, había sufrido muerte cerebral irreversible. Su cuerpo, conectado a máquinas, mantenía sus órganos vivos.
El Dr. McGregor revisó los resultados de las pruebas con una expresión satisfecha. En su bolsillo guardaba una generosa suma de la familia Sullivan, y la orden era clara: encontrar un corazón compatible, sin importar el costo.
Y esta vez, lo habían encontrado.
El corazón de Alejandro latía aún, fuerte y joven, esperando ser la segunda oportunidad de otro hombre.
Un par de horas después, Joseph dejó a Eliana en el hospital con un beso lleno de promesas en la frente. Ella necesitaba estar junto a su madre, y él, aunque con el alma aún envuelta en la calidez de su noche juntos, tuvo que dirigirse a la empresa. Ser el CEO de un imperio no le permitía desaparecer por completo, pero cada recuerdo de Eliana lo llenaba de una paz que nunca antes había conocido.Al entrar en Sullivan Pharmaceuticals, Joseph parecía otro hombre. Su paso era ligero, su expresión relajada, y por primera vez en mucho tiempo, sonreía de verdad. Los empleados se quedaban sorprendidos al recibir un saludo amable y una mirada cálida. Era como si una luz nueva hubiera iluminado su interior. Llegó a su despacho, se dejó caer en el sillón y cerró los ojos un momento. El sabor de Eliana aún permanecía en sus labios. El recuerdo de su cuerpo, de sus gemidos, de cómo se había entregado a él, lo excitó de nuevo. Tuvo que respirar hondo y acomodarse en el asiento, luchando contra el
Layla miró a Joseph con un anhelo oscuro y calculado, mientras su cuerpo desnudo se deslizaba sobre él con deliberada lentitud. Sabía que la cámara estaba grabando cada segundo, así que interpretó su papel con maestría cruel. Empezó a cubrirlo de besos falsos y apasionados: desde la boca entreabierta, bajando por el cuello, el pecho y el vientre, mientras su mano acariciaba con fingida devoción.—¡Cariño! ¡Qué placer! —gritó con voz entrecortada, asegurándose de que cada gemido quedara registrado.Joseph, sumido en una bruma espesa por la droga, apenas entrecerraba los ojos. Su mente flotaba en imágenes borrosas y confusas. Distinguía vagamente que era Layla, pero no comprendía qué estaba ocurriendo. Intentó hablar, pero solo logró un susurro débil y quebrado:—¿Qué… pasa?Layla lo silenció con un beso agresivo y se subió encima de él, presionando uno de sus pechos contra su boca. Fingía una pasión desbordada, gimiendo cada vez más fuerte, moviéndose con exageración para que el vídeo
Un par de horas después, Joseph acompañó a Eliana hasta el hospital. La dejó en la puerta con un beso lleno de ternura en la frente, prometiéndole que todo saldría bien. Desde allí se dirigió a Sullivan Pharmaceuticals. Aunque ser el CEO de un imperio como ese no le permitía ausentarse mucho tiempo, todo lo vivido con Eliana lo había dejado con el alma ligera, como si por primera vez en años respirara sin el peso constante en el pecho.Al pisar el suelo de la empresa, Joseph parecía otro hombre. Su paso era más relajado, sus hombros menos tensos. Por primera vez en mucho tiempo, sonreía. Una sonrisa genuina, cálida, que iluminaba su rostro. Los empleados que se cruzaban con él se quedaban sorprendidos; algunos incluso se sonrojaban al recibir un saludo amable. La recepcionista, los asistentes, hasta el personal de limpieza… todos notaron el cambio. Era como si una luz nueva brillara en él. Como si alguien más, alguien más suave y humano, habitara ahora en su cuerpo.Llegó a su despach
La luz dorada del amanecer se filtraba suavemente por las grandes ventanas, acariciando con ternura los cuerpos entrelazados de los amantes. Eliana parpadeó lentamente, y en cuanto sus sentidos despertaron, una ola de emociones la invadió. No estaba en su casa. El calor del cuerpo de Joseph contra el suyo, su aroma masculino envolviéndola, el peso reconfortante de su brazo alrededor de su cintura… todo le recordó la noche de amor apasionado que habían compartido.—Mierda… no puede ser —susurró avergonzada, cubriéndose el rostro con las manos.—Buenos días, mi preciosa —murmuró Joseph con voz ronca y cargada de cariño, atrayéndola más cerca hasta que sus alientos se mezclaron—. ¿Me estabas contando algo?Eliana se sonrojó intensamente y subió la sábana hasta cubrir su pecho desnudo, sintiendo el corazón latirle con fuerza.—Buenos días… Solo me sorprendió no estar en casa. ¿Dormiste bien?—Dormí como nunca en mi vida —respondió él, recorriendo su brazo con las yemas de los dedos en una
Último capítulo